21 mil millones prueban que la liquidez era ilusión
Los inversionistas institucionales intentaron retirar más de USD 21 mil millones de los fondos de crédito privado en el primer trimestre, y ello ha revelado algo más profundo que un episodio puntual de aversión al riesgo: una posible inflexión en el ciclo crediticio global. Las solicitudes de reembolso, que suman este importe de USD 21 mil millones, afectaron a gestoras globales como Apollo Global Management, Ares Management, Blackstone, Blue Owl Capital y KKR. No obstante, el dato clave no es el volumen solicitado, sino que apenas poco más de la mitad pudo ser atendido, evidenciando la tensión estructural entre liquidez prometida y activos ilíquidos. Este fenómeno ocurre en un mercado que ha crecido aceleradamente desde la crisis financiera del año 2008. Con los bancos restringidos por regulación, el crédito privado ocupó ese espacio, y hoy supera los USD 2 trillion a nivel global. Según Morgan Stanley, podría acercarse a los USD 4 trillion hacia 2030; mientras que, en Estados Unidos, los activos bajo gestión han pasado de USD 500 millones a USD 1.3 trillion en solo cinco años, una expansión difícil de ignorar en términos de mercado de capitales. Pero ese crecimiento ha venido acompañado de riesgos acumulados; el crédito privado ofreció rendimientos atractivos, en el rango medio-alto de un dígito, en un entorno de tasas bajas, pero a costa de mayor apalancamiento, menor transparencia y liquidez restringida, pero hoy ese equilibrio empieza a tensionarse. La preocupación central radica en la composición de los portafolios, el sector tiene una exposición relevante a empresas de software respaldadas por capital privado, que representan alrededor del 25% de las carteras de las BDC y cerca del 19% de las CLO; en un entorno de disrupción acelerada por la inteligencia artificial, los flujos de caja futuros de estas compañías enfrentan mayor incertidumbre, lo que eleva el riesgo crediticio. A esto se suma el calendario de vencimientos, aproximadamente el 11% de los préstamos del middle market vence hacia finales de 2027 y otro 20% en 2028, pero este “muro de refinanciación” coincide con tasas más altas y condiciones financieras más restrictivas, lo que podría deteriorar métricas como el interest coverage ratio y aumentar el riesgo de incumplimiento. ¿Por qué el pánico? Históricamente, los flujos de salida han sido indicadores adelantados; como señala Greg Obenshain, de Verdad Advisers, suelen marcar el inicio de los ciclos de estrés. Lo que observamos hoy no es necesariamente una crisis, pero sí una señal temprana de presión, y en los mercados, las señales importan tanto como los datos duros. Otro cambio relevante es el perfil del inversionista porque el crédito privado ha pasado de estar dominado por institucionales, fondos de pensiones o soberanos, a incorporar cada vez más inversores individuales de alto patrimonio; este giro introduce mayor volatilidad, ya que estos inversores tienden a reaccionar más rápido ante cambios de narrativa. ¿Dónde deberíamos colocar la mira? Aquí aparece una tensión crítica: muchos fondos ofrecen liquidez limitada, típicamente hasta el 5% del valor liquidativo por trimestre; cuando las solicitudes superan ese umbral, como ocurre actualmente, los gestores restringen salidas. Todos estos eventos demuestran que, en la práctica, el inversionista descubre que su liquidez es condicional. Las gestoras, en este segundo trimestre del 2023, enfrentan un dilema complejo; por ejemplo, firmas como BlackRock, Apollo Global Management o Ares Management han limitado los reembolsos para evitar ventas forzadas, y otras han sido más flexibles. Ante este último evento, justamente esta divergencia refleja una realidad incómoda: en mercados ilíquidos, la gestión de salidas siempre implica costos; a pesar de la presión, el mercado secundario aún no muestra señales de colapso. La venta reciente de una cartera de préstamos de Blue Owl cerca del 99% de su valor nominal sugiere que las valoraciones se mantienen relativamente estables. No obstante, esto también podría indicar que el verdadero ajuste aún no se ha materializado, y sucede que las perspectivas apuntan a mayor estrés. Por otro lado, Morgan Stanley proyecta que la tasa de impago podría subir a 8% en el próximo año, al mismo tiempo, Moody’s ha rebajado la perspectiva del sector, citando presiones de reembolso y volatilidad. Finalmente, incluso JPMorgan Chase, a través de Jamie Dimon, ha advertido sobre pérdidas mayores a las esperadas por el deterioro en los estándares de crédito. Ante tanta información, cuesta mucho saber dónde concentrarnos, el punto principal es que el crédito privado ha dejado de ser un nicho, para ser hoy un componente estructural del mercado de capitales, con implicancias sistémicas gigantes. Como todo mercado que crece rápido, enfrenta ahora su primera prueba real bajo condiciones financieras más exigentes; y justo paradójicamente, el capital sigue entrando. En abril 2026, las cifras de RA Stanger mencionan que el sector captó miles de millones en los primeros meses del año a través de BDCs no cotizadas y estructuras semilíquidas, reflejando que la búsqueda de rendimiento agresivo sigue vigente, incluso en medio de señales de alerta. Por favor, recordemos que, en los mercados, las crisis no comienzan con defaults masivos, sino con fricciones de liquidez y cambios de comportamiento y hasta de procedimiento.
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