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Funas, vandalismo y complicidad política atizan el mismo fuego. Por Sergio Muñoz Riveros

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08.06.2026

Corresponde tomar muy en serio a todos los que amenazan nuestra convivencia. Ya hemos acumulado suficientes pruebas respecto de lo que son capaces de hacer. Cualquiera que sea su origen, cualesquiera que sean las banderas que levanten, no puede haber indulgencia con el desafuero y la irracionalidad. La democracia tiene derecho a defenderse.

En Chile están protegidas las libertades de expresión, asociación y reunión, lo cual es, por supuesto, una gran conquista cívica. Pero ello reconocer los límites legales de su ejercicio. Por lo tanto, es crucial sostener los principios, instituciones y procedimientos que hacen posible la vida en libertad, y que se sintetizan en los fundamentos de la democracia liberal. La primera exigencia es, obviamente, la exclusión de la violencia como método político.

Por desgracia, lo ocurrido en 2019 contaminó profundamente nuestra convivencia. La violencia política hizo escuela, sobre todo en los centros de enseñanza. Quienes la promueven, así como sus cómplices, simplemente no creen en la democracia. La usan para sus propios fines. A los pocos días de asumir el nuevo gobierno, fue agredida la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, en la universidad Austral de Valdivia. Ello no fue accidental. Marcó el inicio de las hostilidades contra “el gobierno enemigo del pueblo”. Recientemente, el ministro de Cultura, Francisco Undurraga, fue víctima de una encerrona preparada por actores “progresistas”. La diputada Javiera Rodríguez, del Partido Republicano, fue maltratada físicamente en la facultad de Derecho de la U. de Chile. Hay allí una línea de acción, que se conecta con la violencia en las calles.

Hemos vuelto a constatar cuánto terreno ganó en estos años la subcultura Molotov. El esquema de combate es suficientemente conocido: grupos creados según el........

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