El pescado
10 de abril 2026 - 03:08
Me producen desazón las elecciones andaluzas. Primero porque ya está el pescado vendido, segundo porque no puedo parar de preguntarme cómo la militancia de base de los partidos tolera que éstos sean meras agencias de empleo para una cupulilla de gentes sin más oficio. Que gane el PP de Moreno Bonilla es algo increíble, la situación en sanidad o en educación (incluyendo las universidades) bastaría para ponerle fuera de juego, sin entrar en gestión ambiental, vivienda, o la vergüenza ajena que producen alguna de sus garrulerías. Pero mira uno enfrente y ve cómo, tras una purguita irrelevante, los manijeros de Susana Díaz se colocan otra vez al inicio de las listas para no perderse la toma. El PSOE de siempre que trajo a la derecha y fomentó el tradicionalismo que hoy nos sitúa a los pies de las hermandades de Semana Santa.
No siento pena por Andalucía porque todo nacionalismo me parece una forma de racismo, no albergo esos sentimientos. Esto no me evita ser consciente del mal necesario en que se ha convertido la política, porque el Estado lo sustentamos con nuestra ciudadanía y lo gestionamos con el funcionariado. Las estructuras están ahí, la alternativa a la política no existe, pero hay que decir que lo público está a pesar de la clase política. Sí, clase. Necesitamos leyes que impidan ocupar más de dos legislaturas un puesto público electo o a dedo, con la obligación de descansar otras dos legislaturas en tu oficio real. Necesitamos a gente que de verdad represente la voluntad popular que constituye la legitimidad del Estado y no a gestores del poder a favor de los partidos. Mientras el Parlamento sea esta vergüenza de incompetentes manifiestos (lo siento por los capaces, que no salen en las fotos), sólo damos pábulo a ultrarreaccionarios y trumpistas de toda ralea.
La gestión del cribado de cáncer debería bastar para colocar en la calle a Moreno Bonilla y a Sanz. No sé si invalida toda la gestión del Gobierno, pero obligar a pleitear en los tribunales, caso por caso, a mujeres gravemente, quizá gravísimamente enfermas sabiendo el tiempo, la inversión y el esfuerzo que eso supone, revela el papel de poli bueno y malo que ejerce este dúo con sonrisa de yerno simplón y bocado de caella. Van a ganar, y usarán la victoria para borrar la maldad implícita en estos actos, ¿a qué juega el PSOE perdiendo elecciones con sus cabezas de cartel? La dignidad mostrada por estas mujeres, víctimas de la gestión privatizante, no basta: merecen la solidaridad lo público, que somos todas.
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