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Burkas fuera

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16 de abril 2026 - 03:08

La semana de febrero en que tanto la Diputación de Granada como el Ayuntamiento de esta capital aprobaron en sus plenos la prohibición del burka y el niqab en sus dependencias públicas tuve que repasar durante un buen rato las veces que yo, asidua de algunos de esos pasillos institucionales durante años, recordaba haber visto por allí a mujeres con la cabeza y la cara tapadas. Si fuera algo muy habitual me habría fijado seguro porque, como mujer, es difícil no sentir algo al observar un signo que nosotros asociamos al sometimiento. Será libertad religiosa, pero a mí me recorre un escalofrío interior, no puedo evitarlo.

Es algo personal que me perturba porque no forma parte de mi enfoque cultural, moral o religioso. Pero no podemos dar por sentado que todas las mujeres así ataviadas se sienten atrapadas en su tela y aunque así fuera me cuesta pensar que su liberación pase por prohibirles la entrada a un sitio público. ¿En qué momento hemos pensado que una mujer que vive en un entorno tan férreo va a descubrirse la cabeza para ir al Ayuntamiento a pagar el IBI porque el pleno político se lo exija? En todo caso, si es que tenía previsto acudir a alguna de esas dependencias dejaría de hacerlo, se vería censurada y expulsada. Expulsada de una oficina y, simbólicamente, expulsada de la vida pública en su actual lugar de residencia.

Porque es eso, un símbolo, un mensaje político para sus electores y para quienes vienen a vivir aquí desde otros lugares. Eso es lo que el PP aprobó en ambas instituciones empujado por Vox (que fue el promotor de la iniciativa), pero no obligado, ya que en ambos casos los populares tienen las manos libres de la mayoría absoluta.

Han tenido que ser los servicios jurídicos del municipio los que le digan al gobierno de la ciudad que la iniciativa no es legal, que va contra la libertad religiosa, la jurisprudencia del Supremo y la propia Constitución, por mucho que nos remueva de forma íntima y personal. Para el feminismo es un debate complejo, cargado de contradicciones. Lo perverso es utilizar la bandera de la igualdad de sexos para enviar mensajes de fondo que esconden intolerancia y racismo. En estas políticas de escaparate el burka es lo de menos, la vida de esas mujeres no es lo sustancial, lo que prevalece es la necesidad de autoafirmar nuestra superioridad ante el que viene de fuera.

Burkas fuera, pero no así. Burkas fuera por convicción, por educación, por asunción de valores y por interés en formar parte de una sociedad que demuestra ser mejor a través de la tolerancia.

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