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Termópilas

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20.03.2026

20 de marzo 2026 - 03:08

Hay una franja en el mundo, de extensión variable, que separa Europa de Asia, y se expande y se contrae como los corazones, porque ese lugar que a veces se reduce al litoral oriental del Mediterráneo y muchas otras, como ahora, se extiende hasta acercarse a la India, es uno de los corazones del mundo.

Es un punto ciego al que nunca llega la luz del entendimiento. No hemos podido jamás desnudarnos, y menos allí que en ningún otro sitio, de las peores herencias de nuestra sangre –la violencia, la conquista– pero sí nos habíamos contado el cuento de que cada siglo nos había traído un progreso moral. No es así: el progreso es tecnológico, y con esa tecnología se refuerzan nuestras naturales inclinaciones, sean estas las que sean. Podemos lograr paces más duraderas, pero también matar más y mejor, si es que hay un buen matar. Ayer diseñamos campos para el exterminio industrial o bombas destructoras de ciudades. Hoy Anthropic –la dueña del mejor modelo de lenguaje en el mercado de la inteligencia artificial– litiga con el gobierno de Estados Unidos porque este lo quiere usar para lo ya dicho: vigilar, castigar, matar más y mejor.

El pasado no ha muerto, porque el pasado no existe. Por eso los bandazos de Trump, sus zafios bailoteos al son de Netanyahu, me llevan a los últimos libros de la Historia de Heródoto, donde vemos a Jerjes observar desde lo alto sus huestes, entre lujos orientales, mientras estas se dirigen a las costas del Egeo para someter a los griegos. En uno de esos intentos de conquista, las aguas del Helesponto (nuestro estrecho de Dardanelos) destruyen el puente de barcas con que pretendía conducir sus tropas a la orilla europea. Heródoto inmortaliza el momento: “Llenó de enojo esta noticia el ánimo de Jerjes, quien irritado mandó dar al Helesponto trescientos azotes de buena mano, y arroja al fondo de él, al mismo tiempo, un par de grillos”.

La historia ha dado la vuelta: el escenario es el mismo, pero ahora es Trump, el líder de Occidente, quien se comporta como uno de esos proverbiales enemigos de nuestra civilización, caprichosos e ignorantes y altivos. A ojos de muchos, es él quien ahora trata de aherrojar los Helespontos que se oponen a sus planes. En Ormuz un puñado de lanchas siembra el caos, y nada puede hacer para pararlas el más poderoso ejército de la tierra. Ormuz es el nuevo paso de las Termópilas. Y nosotros somos los persas.

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