menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Un delincuente internacional anda suelto

32 0
09.01.2026

Marcada la opinión pública del planeta por el nefando secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, la primera combatiente Cilia Flores, en la madrugada del 3 de enero, el ciudadano común que sigue la política internacional en cualquier país del mundo no sabe si tendrá la oportunidad de despertar a un nuevo día en un contexto exacerbado por la proyección radical de derecha del actual presidente de los Estados Unidos Donald Trump.

No caigamos en la ingenuidad de olvidar que, aun sin Trump, la situación entre el occidente colectivo y las potencias emergentes ya se movía, aunque a un paso más lento y un tanto predecible, en un rumbo de colisión por la presión ejercida por el primero para mantener sus privilegios y seguir campeando por su irrespeto frente a un grupo de naciones pujantes que buscan defender su derecho a la autodeterminación, la igualdad de oportunidades y el progreso, las cuales se agrupan en el llamado Grupo BRICS conformado en un inicio por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica y que hoy suma a otros países influyentes de Asia, África y América Latina.

No, el peligro existía, pero era más lento y estaba más focalizado en puntos calientes del globo terráqueo como Ucrania, Medio Oriente y el Estrecho de Taiwán. En ese contexto, la llegada del presidente número 47 al poder en enero del 2025, con su promesa de contribuir a poner fin al conflicto que exacerba a Europa, hizo brotar la esperanza de paz en amplias capas de la opinión pública a lo largo y ancho de esta esfera común y prodigiosa que llamamos Tierra.  

Pero he aquí que, en medio de un grupo de gestiones infructuosas de mediación entre Rusia y Ucrania, el mandatario yanqui se encontró inmerso en una madeja de contradicciones de todo tipo derivadas del empeño de las potencias principales de la vieja Europa —Inglaterra, Francia y Alemania— de debilitar a Rusia para hacer caer a su líder, Vladimir V. Putin, fragmentar a la Federación Rusa y después imponer sus condiciones a las seis u ocho porciones o regiones resultantes, cuyo estatus pasaría a ser el de meras neocolonias. Esta posición es sustentada además principalmente por Polonia y Letonia, Estonia y Lituania, las tres repúblicas bálticas.

Como resulta obvio, hay mucho de aventurerismo e irresponsabilidad en esa posición de los líderes otanianos, quienes lucran con la guerra entre Rusia y Ucrania, después de haberse prestado a los planes de desquite con ese conflicto, del anterior presidente estadounidense Joe Biden, de la debacle sufrida por Estados Unidos y la OTAN en Afganistán, de donde salieron........

© Escambray