¿Por qué no se va?
Más allá de las filias ideológicas de cada uno, es indiscutible que la situación política española es insostenible y que no hay ninguna justificación para mantener la legislatura, fuera del clásico discurso del miedo.
Pedro Sánchez ha agotado todos los argumentos que le han servido de escudo para ganar tiempo, y ahora el rey está desnudo. La votación en el Congreso certificando una contundente mayoría a favor de su marcha sería un motivo inexcusable para ir a elecciones en cualquier país que quiera llamarse democrático. Pero él se mantiene impertérrito, como si perder la mayoría parlamentaria, no tener presupuestos y estar en el epicentro de un terremoto judicial no fueran motivos suficientes para dejarlo todo. ¿Por qué se queda? ¿De dónde saca el aire para mantener la respiración de esta legislatura agónica? En realidad, de todo el mundo, incluyendo a aquellos que reiteradamente piden que se vaya. Es decir, todos los jugadores de la partida —y todos son todos— aportan su bombona de oxígeno para evitar que el muerto acabe definitivamente muerto.
El PSOE es, hoy por hoy, una estructura amorfa que actúa como un rebaño, sin capacidad crítica, ni debate interno serio, ni ningún liderazgo alternativo........
