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Ojalá el nacionalismo no se hubiera ido nunca

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29.08.2026

Dicen en Crític —demasiadas cosas, dicen en Crític— que vuelve el nacionalismo y, la verdad, ojalá no se hubiera ido nunca. Ojalá una parte de la clase política no hubiera abrazado la tesis tonta de que, políticamente, el independentismo tenía sentido sin el nacionalismo. Que un movimiento separatista podía existir sin definir la nación a separar, ni los motivos de fondo —no solo los materiales— para hacerlo. El afán de distanciarse de las peores versiones del nacionalismo —todas ellas, nacionalismo de Estado— paraliza una parte del movimiento independentista y lo incapacita para leer las excepcionalidades y las circunstancias que legitimaban —y legitiman— el nacionalismo de una nación sin Estado como la nuestra. En última instancia, esta equiparación burda e injusta siempre acaba en el mismo lugar: en el tipo de consignas que justifican que, puestos a ello, ante los peligros del nacionalismo genérico, sale más a cuenta la parálisis. Y al final, esto siempre se acaba traduciendo en el desarmamento ideológico del nacionalismo catalán; es decir, en abono para el nacionalismo español.

La columna de Adam Majó —director de la Oficina per a la Defensa dels Drets Civils i Polítics de la Generalitat de Catalunya— que cito en la apertura es importante porque cristaliza algunas de estas tesis envenenadas. La primera, que "el actual ascenso global del nacionalismo llega de la mano de las extremas derechas y de los totalitarismos, y va cargado de xenofobia, de jerarquización y de insolidaridad; y este es un contexto ideológico que lo contamina todo y del cual es muy difícil desmarcarse". El nacionalismo catalán bebe de una tradición que va mucho más allá de las modas de este siglo. El genocidio lingüístico y cultural que sufre la nación catalana no se desvanecerá por mucho que el nacionalismo global vaya cargado de todo aquello a lo que Majó se refiere. Lo que Majó representa se excusa en Trump, en Meloni, en Orbán o en Orriols para desdibujar las razones de ser del nacionalismo catalán y dejar de entenderlo dentro de su coyuntura concreta. En pocas palabras, valida el sistema de opresiones del Estado español desvirtuando la ideología que lucha por revertir sus consecuencias y asociándola al mal moral. En esta voltereta teórica no hay ni una pizca de fiscalización a un nacionalismo........

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