El reto energético en Catalunya
Con el barril de petróleo rozando los 100 dólares y el litro de gasolina cerca de los 2 euros, la necesidad de dejar de depender de los combustibles fósiles es más urgente que nunca. Si además, como está previsto, hay que empezar a cerrar las centrales nucleares dentro de cuatro años, queda claro que la transición energética, es decir, la promoción de proyectos de energías renovables, se ha convertido en una emergencia nacional. Y resulta que Catalunya, ese país moderno y avanzado, es ahora el más anticuado en este ámbito esencial. Se sitúa a la cola de Europa y de España en la instalación de plantas de energías renovables. En el conjunto español, el peso de las renovables es cuatro veces superior al de Catalunya, lo que significa que Catalunya será dependiente de suministros externos, pagará un precio más elevado y, de forma inexorable, retrocederá seriamente en términos de prosperidad.
Catalunya no tiene petróleo ni grandes riquezas minerales, pero es un país afortunado en cuanto a radiación solar y fuerza del viento, es decir, un gran potencial en fuentes de energías renovables. Además, la sociedad catalana expresa una fuerte conciencia ambiental, con universidades, centros de investigación y empresas tecnológicas de primer nivel. Sin embargo, el despliegue de renovables ha sido lento, irregular y lleno de obstáculos, sobre todo por la cobardía política de los gobernantes locales y nacionales que, por miedo a las protestas vecinales y a los pocos votos que podían perder, han renunciado a defender prioritariamente el interés general.
También porque dos partidos minoritarios como ERC y Comuns libran una batalla sistemática en los municipios donde gobiernan contra los proyectos de instalaciones eólicas o fotovoltaicas, organizando o apoyando plataformas que protestan. Y como han sido decisivos en los últimos gobiernos de........
