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Paciencia estratégica

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25.05.2026

Si estuviese en la sala de máquinas del Partido Popular, me preguntaría cuál es el mejor curso de acción en este momento como principal partido estatal. No estoy ni se me espera ahí, pero eso no impide analizar lo que pasa y cómo debería actuarse.

Lo primero sería separar la ansiedad de la estrategia. La ansiedad empuja a moverse y a producir un efecto inmediato; la estrategia pregunta qué movimiento acerca al objetivo y cuál, aun pareciendo brillante a corto plazo, fortalece al adversario. Si el objetivo del PP es gobernar sin depender de la extrema derecha, la pregunta central no es cómo desgastar más a Pedro Sánchez —esa tarea ya la hace el propio Gobierno—, sino cómo convertir ese desgaste en una alternativa amplia, transversal y creíble, capaz de permitir una mayoría estable, aunque seguramente no absoluta.

La tentación de una moción de censura es comprensible —escándalos, fatiga, sensación de final de ciclo—, pero la mejor jugada no es la que más ruido hace, sino la que obliga al adversario a consumir sus fuerzas mientras uno prepara la posición decisiva. Una moción hoy, seguramente, está condenada al fracaso, y fallar reforzaría al Gobierno. Sánchez tiene una habilidad singular para convertir cada ataque en oportunidad narrativa y cada derrota parlamentaria en resistencia frente a una derecha que, según su relato, nunca aceptó la legitimidad del “Gobierno más progresista de la historia”. Se le ofrecería en bandeja el papel del dirigente asediado, justo el marco épico que necesita.

Su problema no es que le falten adversarios, sino que le falta proyecto. Necesita ordenar el caos, recomponer a los suyos y replantear la política como batalla existencial entre progreso y reacción. Una moción fallida sería suministrar adrenalina al paciente cuando la lógica aconseja dejar que la enfermedad siga su curso: cada semana, cada nuevo caso de corrupción —y vendrán más—, cada contradicción y cada grieta en la coalición lo desgastan de manera natural. Precipitar un acto que le permita recolocarse sería difícilmente defendible.

Eso no significa renunciar a la iniciativa, sino concentrarla donde produzca efectos reales. El primer terreno fértil es Andalucía: un laboratorio estratégico estatal donde se juega la posibilidad de demostrar que el PP puede construir mayorías propias, gobernar desde la moderación y reducir la utilidad política de Vox.

Las urnas dejaron a Juanma Moreno a dos escaños de la mayoría absoluta y las encuestas dicen que una mayoría absoluta de andaluces querría un gobierno en solitario. La lectura cortoplacista invitaría a buscar el apoyo de Vox; la estratégica, si el objetivo es una alternativa autónoma de la extrema derecha, lleva a otra, consistente en no aceptar el........

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