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La esperanza sin optimismo

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23.01.2026

Como todo ser vivo, los humanos somos un producto de la evolución de la vida en el planeta. Y esto nos hace muy ambivalentes en nuestros comportamientos. El sociobiólogo E. O. Wilson lo resumió en una célebre frase: “El verdadero problema de la humanidad es el siguiente: tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnologías divinas. Y esto es extremadamente peligroso”.

Creo que Wilson se quedó corto. En primer lugar, las emociones humanas no provienen del paleolítico, sino que son mucho más antiguas en términos evolutivos. Sobre las instituciones, acertó más: por ejemplo, los parlamentos tienen origen en el control de los impuestos exigidos por unas monarquías que aún no tenían suficiente poder para convertirse en incontestables (aunque algunas instituciones —imperios, legalidad, democracia, etc.— remiten a la antigüedad). Y las tecnologías van creando un mundo propio que, efectivamente, parece poder convertirse en autónomo del control humano. Una conclusión muy ambivalente.

Actualmente, hemos entrado en una nueva fase internacional de mundo revuelto. Y esto nos obliga a pensar mejor y a recuperar verdades olvidadas. Mencionemos dos: los componentes biológicos de los humanos que conforman buena parte de nuestros comportamientos, y el deslumbramiento que nos producen algunas ideas de nuestros lenguajes abstractos.

Respecto a la primera, sabemos que los humanos —autodenominados de manera optimista sapienscompartimos con los primates características tales como ser territoriales, grupales, jerárquicos, gregarios y actuar desde premisas a la vez competitivas y cooperativas. También sabemos que los primates emplean violencia física, sobre todo cuando compiten por tres cosas: recursos, sexo y poder —que son tres motivos........

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