Alma de país modesto
Imagínense un teatro centenario del centro de Barcelona con mil quinientas localidades, llenas a rebosar. Los asistentes aplauden con entusiasmo al final de la obra, mientras el elenco saluda una y otra vez, agradeciendo al público su entrega. La ovación se alarga hasta generar una especie de catarsis colectiva, mientras la orquesta toca los últimos acordes de una banda sonora enérgica, vital y emotiva. Es la última función de Ànima en el Teatre Tívoli, el musical que ha confirmado la calidad artística de Oriol Burés y Víctor G. Casademunt y la capacidad del teatro en catalán de idear montajes a la altura de un musical clásico de Broadway.
No obstante, Ànima bajó el telón hace apenas veinte días con el país mirándoselo de aquella manera tan catalana: sin hacer ruido. Todo el mundo conviene en que estamos ante una........
