Pujol al patíbulo
Tiene cierta ironía que la comparecencia forzada de Jordi Pujol en la Audiencia Nacional de Madrit, la cual contraviene la opinión de los forenses de los juzgados de Barcelona y que se podría haber despachado usando unos inventos tan ancestrales como una pantalla y unos auriculares, haya sido primordialmente criticada por Salvador Illa, en nombre de la sensatez y de la compasión del humanismo cristiano. A diferencia de Carles Puigdemont, quien no recibió a Pujol en el Palau de la Generalitat, y de todo el entorno de Artur Mas, que se apresuró a desposeer al president 126 de todas las atribuciones simbólicas que le garantizaba el Estatut (dejándolo a merced de los buitres de La Vanguardia y amigos), el actual propietario del sillón presidencial es el más interesado en reunir históricamente el pujolismo —es decir, el pacto de los catalanes con la España del 78, firmado bajo la sombra de los militares— con la voluntad de pacificación autonómica que pretende imponer el PSC.
La actitud del president Illa resulta poco sorprendente, como también era previsible —aunque no menos vergonzosa— la prisa olímpica que ha tenido la mayoría de los altos mandos de Convergència para........
