Sobre la noción de progreso
En el siglo XVIII, según la opinión de la mayoría de los filósofos ilustrados, el progreso técnico era a la vez un progreso moral. Esta certeza, por ejemplo, la podemos encontrar como fundamento del proyecto enciclopédico de Diderot y D’Alembert.
De hecho, la difusión de las diversas técnicas y de los distintos saberes se encaminaba a emancipar a las personas y a desarrollar su autonomía y, a la vez, sus disposiciones morales. Esta era, al menos, la idea.
Por su parte, Voltaire y Montesquieu veían en las ciencias, el comercio y las artes un medio para civilizar las costumbres y reducir, así, el fanatismo y la barbarie.
Condillac y Helvetius llegaron a afirmar que la mejora de las condiciones materiales sería capaz de transformar los comportamientos humanos, y que, además, luchar contra la miseria era la mejor forma de destruir el vicio de raíz.
Solo Jean-Jacques Rousseau, el insomne, el atrabiliario, consideraba, en su Discurso sobre las ciencias y las artes, que “nuestras almas se han corrompido a medida que nuestras ciencias y nuestras artes han avanzado hacia la perfección”.
Pero quizás lo que es cierto, en realidad, es este discurso visionario. Sea como fuere, su pesimismo marcó los espíritus desde........
