La guerra contra las mujeres
Las 168 niñas iraníes asesinadas por Estados Unidos en una escuela de la ciudad de Minab corroboran algo que ya sabíamos: los más vulnerables son los que más sufren en las guerras. Los niños y las mujeres son dos de los blancos preferidos de los criminales como Trump y Netanyahu. En Gaza, las Fuerzas de Defensa de Israel han asesinado a 33.000 niñas y mujeres adultas con la ayuda de Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea, que han proporcionado armas o coartadas ideológicas. Todo sugiere que el número total de víctimas podría ser mucho más alto, pues miles de cadáveres aún se encuentran bajo los escombros y, probablemente, jamás serán recuperados. Los informes de los relatores especiales de la ONU señalan que el Ejército israelí utiliza sistemáticamente la violencia sexual con los palestinos sometidos a su custodia. Los varones no se libran de esta forma de tortura e intimidación. No hay víctimas de primera o segunda categoría. Todas las víctimas merecen nuestra solidaridad, pero creo conveniente subrayar que la violencia contra las mujeres tiene un carácter estructural. Dicho de otro modo: es un signo de identidad de nuestra especie.
Las mujeres sufren especialmente en los conflictos bélicos, pues los agresores no ignoran el efecto desmoralizador que producen los abusos y las violaciones. El objetivo no solo es destruir, sino también humillar y crear sensación de impotencia. Afortunadamente, a veces las conciencias se remueven, como sucedió con la niña vietnamita abrasada por el napalm del Ejército estadounidense, pero el auge de la ultraderecha ha menoscabado la sensibilidad general y, lo que es aún peor, ha alimentado un discurso victimista en muchos hombres. Aunque los casos de hombres maltratados o asesinados por sus parejas o exparejas femeninas son minoritarios (en 2024, solo 4 casos en España frente a 47 feminicidios), han surgido voces que acusan a las mujeres de agredir a los varones mediante denuncias falsas. Esas voces cuestionan los datos de la Fiscalía General del Estado y el Consejo General del Poder Judicial, según los cuales esa clase de denuncias solo representan un 0’02%. Aunque no hay una cifra oficial de las ventas de Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género, el malicioso y falaz ensayo de Juan Soto Ivars, todo sugiere que la obra ha sido un best-seller. Colaborador habitual de Cuarto Milenio, el programa de Iker Jiménez, que ha pasado de abordar lo paranormal a normalizar el discurso de odio de la ultraderecha, Soto Ivars, enfant terrible de pacotilla, ya es uno de los ídolos de la cultura machista.
