El mundo pide tiempo muerto
La guerra de salvas puede que haya cesado en el golfo Pérsico, pero la guerra de propaganda se ha recrudecido hasta extremos surrealistas. Ya resultó imposible saber cuántos y qué puntos se habían acordado para iniciar una tregua precaria y sentarse en Islamabad bajo la bandera de conveniencia de Pakistán. Se antoja ahora una misión imposible averiguar con certeza qué han negociado exactamente la delegación encabezada por JD Vance, el vicepresidente gafe a quien últimamente nadie quiere tener cerca por si acaso, y la delegación de los ayatolás supervivientes, tras semanas de tiro a una Guardia Revolucionaria que parece tener más generales que soldados.
Lo único que puede intuirse con cierta claridad entre tanta verborrea es que llegaron todos muy subidos de adrenalina y machoalfismo, pero se vuelven a casa rehuyendo el contacto visual para no tener que dar muchas explicaciones. Han tenido las charlas en Islamabad algo de bronca de bar, que empiezan siempre a gritos y acaban yéndose cada uno por su lado lanzando amenazas, pero no muy alto no vaya a ser que las escuchen los otros y se líe otra vez.
