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El combustible de nuestra desigualdad

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La corrupción es el ruido de fondo de nuestra cotidianidad en Colombia. Es un tema que se agota en reuniones familiares, entre amigos y en las redes sociales, pero que en la práctica sigue siendo el mayor flagelo del país. Este cáncer ha encontrado un nuevo caldo de cultivo: la fragmentación política de las últimas décadas. Hemos pasado del bipartidismo histórico a una proliferación con más de cuarenta partidos de todas las corrientes, que, lejos de democratizar el país, han atomizado la ética partidista. Pareciera que cuanto más corrupto es el sistema, más nombres y nuevos logos se necesitan para camuflarse.

En este escenario, la gobernabilidad se ha vuelto transaccional. Para que un mandatario logre........

© El Universal