menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Furiosa nostalgia por la cita romántica

22 0
03.08.2026

Furiosa nostalgia por la cita romántica

La escena ocurrió en un café del centro.

Mesas de madera. La máquina de espresso resoplando. Un jazz casi inaudible. La lluvia golpeando los ventanales. Él llegó primero. Miró el reloj, acomodó la silla dos veces y dejó el celular sobre la mesa.

Ella apareció minutos después. Dos besos, una sonrisa, café y torta. Todo parecía el comienzo de una conversación. Pero hablaron poco. El teléfono de él vibró primero. El de ella respondió enseguida.

Él contestó mensajes. Ella fotografió el café, buscó el mejor ángulo para la torta y siguió deslizando el dedo sobre la pantalla. Alzaban la vista de vez en cuando, intercambiaban una frase, sonreían por educación. Otra vibración los devolvía al rectángulo luminoso.

No estaban juntos. Solo coincidían en la misma mesa.

Durante años escribimos la palabra conectividad como si fuera una promesa. Cuantos más dispositivos tuviéramos, mayor cercanía alcanzaríamos. Cuantas más formas de comunicarnos existieran, menos solos estaríamos. Nadie imaginó que podía ocurrir exactamente lo contrario. Que un día terminaríamos sentados frente a alguien sin conseguir llegar realmente hasta esa persona. 

La cita fue, durante siglos, uno de los rituales más refinados de la condición humana.

No comenzaba cuando dos personas se encontraban.

Comenzaba mucho antes.

Empezaba con la incertidumbre. Con el deseo de volver a ver un rostro apenas entrevisto. Con la caminata hasta el lugar acordado. Con la pregunta silenciosa de si el otro aparecería. Había una belleza profunda en aquella ignorancia. No sabíamos casi nada de la persona que esperábamos y, precisamente por eso, cada conversación era una exploración.

Hoy ocurre exactamente lo contrario.

Llegamos al primer encuentro con un expediente completo.

Sabemos dónde estudió el otro, qué desayuna, cuáles son sus opiniones políticas,........

© El Universal