No son cifras... son humanos
Todos sabemos que detrás de las cifras hay seres humanos de carne y hueso, como usted y como yo, con sueños, limitaciones, dificultades, pero que a diferencia de quienes ahora mismo leemos este escrito, no tienen certeza de que mañana puedan desayunar o almorzar. De eso se trata, de la seguridad de la alimentación, que es la vida y que genera desconfianza del gobernante y de la misma sociedad.
En Cartagena hay niños que consumen solo una comida al día. Una. Viven en casas cubiertas con bolsas negras para contener la lluvia. Duermen sobre pisos de tierra. Usan letrinas improvisadas. El agua no siempre es potable. En ese entorno, la alimentación no es balanceada: es lo que aparezca, lo que se consiga, lo que alcance.
Cuando un niño recibe solo una comida diaria, su cuerpo entra en modo supervivencia. El organismo intenta resistir, pero el cerebro, el sistema inmunológico y el desarrollo físico comienzan a deteriorarse. Aparecen la baja talla, la fatiga constante, la dificultad para concentrarse y la enfermedad recurrente; pero hay algo más profundo: la normalización de la escasez.
Un millón de colombianos
Un niño con hambre no solo tiene el estómago vacío; tiene el futuro en desventaja.
En el 2021, el Concejo Distrital aprobó el Acuerdo 087 mediante el cual se declaró el 1° de noviembre como el Día de la Seguridad Alimentaria de Niños, Niñas y Adolescentes. Allí se reconoció la alimentación como un derecho humano y se ordenó coordinar acciones, asignar recursos y priorizar a las comunidades en pobreza y pobreza extrema.
Ese acuerdo no fue creado para un acto simbólico anual. Fue concebido como herramienta para iniciar una política seria, articulada y medible frente al hambre infantil.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿por qué no se ha convertido en el punto de partida real para enfrentar esta situación? ¿Por qué en barrios donde las casas son de bolsas negras y las letrinas reemplazan el saneamiento básico, los niños siguen comiendo una sola vez al día?
El Acuerdo 087 ofrece una base jurídica suficiente para convocar esfuerzos institucionales, activar cooperación, exigir ejecución presupuestal y establecer seguimiento público. No utilizarlo plenamente es dejar en pausa una herramienta que ya existe.
El hambre sostenida limita el aprendizaje, afecta el desarrollo cognitivo y perpetúa el ciclo de pobreza. Cuando se combina con vivienda indigna y falta de servicios básicos, el riesgo social se multiplica.
Por eso es momento de convocar una sesión de control político abierta y una mesa pública de seguimiento al cumplimiento del Acuerdo 087. La ciudad merece conocer qué se ha hecho, qué recursos se han ejecutado y qué acciones concretas se están implementando.
Una ciudad no puede hablar de progreso mientras haya niños esperando el único plato del día.
El desarrollo verdadero comienza cuando el derecho a comer deja de ser discurso y se convierte en garantía real.
