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Entre la cruz y el ruido

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26.03.2026

Cartagena entra en Semana Santa con una escena conocida: iglesias llenas, procesiones, tradición… y, al mismo tiempo, una ciudad que no se detiene, que celebra, que se activa en torno al descanso, la vida social y la fiesta. No es una contradicción nueva, pero sí una que merece ser pensada.

Porque más allá de cómo se viva externamente, esta semana plantea una pregunta vigente: ¿es solo una pausa en el calendario o tiene un sentido más profundo?

En medio de esa reflexión, vale la pena recordar lo ocurrido durante el rodaje de “La pasión de Cristo”: Jim Caviezel aceptó interpretar a Jesús sabiendo que no era un papel convencional. Durante la filmación, su cuerpo llevó el peso de esa decisión: perdió más de 20 kilos, sufrió hipotermia, se dislocó un hombro cargando la cruz, recibió latigazos reales y, en un hecho que recorrió el mundo, fue alcanzado por un rayo.

Sin embargo, nada de eso fue lo que definió su actuación.

Lo que realmente marcó ese proceso fue su intención: “No quiero que la gente me vea a mí. Solo quiero que vean a Jesús”.

En una época donde muchas dinámicas giran alrededor del reconocimiento y la visibilidad, esa frase resulta profundamente disruptiva.

Y, al mismo tiempo, el mundo está enviando señales claras: cada vez más personas reconocen la necesidad de una vida espiritual. En medio de la incertidumbre, de los cambios y de las exigencias diarias, crece la búsqueda de sentido, de propósito, de algo que vaya más allá de lo inmediato.

Semana Santa no interrumpe la realidad, pero sí la pone frente a nosotros.

Cartagena en esta Semana Mayor también se viste de solemnidad. En sus iglesias respiran algo sagrado; y es allí donde el bullicio se apaga.

Mientras algunos optan por el recogimiento, otros encuentran en estos días un espacio de desconexión o celebración. Ambas formas coexisten. La diferencia no está únicamente en lo que se hace, sino en el significado que se le da.

Porque el punto no es la agenda, es la intención.

Todos, sin excepción, llevamos una Cruz. Algunas visibles, otras silenciosas: decisiones difíciles, responsabilidades, pérdidas o incertidumbres. Y en medio de ellas, la fe recuerda algo esencial: Dios no nos da más de lo que podemos resistir.

Es ahí donde la vida habla por sí sola. No en lo que se dice, sino en lo que se refleja.

En una ciudad como Cartagena, donde la tradición religiosa convive con una intensa vida social, ese reflejo se vuelve evidente en lo cotidiano.

Tal vez por eso, la pregunta sigue abierta: ¿estamos buscando ser vistos… o estamos dejando ver a Cristo a través de nosotros?

En tiempos de ruido, el desafío es no perder lo esencial.

Semana Santa: entre la Cruz y el ruido. Una pausa que confronta el sentido de lo que vivimos.


© El Universal