Un acto valiente
En el desarrollo de proyectos para enmarcar el futuro urbanístico de Cartagena, algunos actos de valentía han sido requeridos. Reconocer que enfrentarse al mar, con sus imparables tormentas, usando los mismos métodos del pasado, cuando la ingeniería costera ofrece y exige distintas alternativas, requerirá ser valientes.
Echar a andar carruajes eléctricos para la movilidad en la ciudad amurallada también es un acto valiente, como lo será poner a marchar todo el concepto del Malecón del Mar, desafiando los Alisios, el salitre y la rompiente de nuestro mar. Ejecutar un proyecto que acabe con las inundaciones provocadas por mareas y lluvias que se encargan de que sea esta una de las ciudades que más desperdicia agua en el lavado de los vehículos también necesita de valientes, y más si al mismo tiempo vamos a mejorar las vías y los peatonales de la comunidad que más cerebro aporta al PIB de Cartagena.
Pero en esta ocasión no quiero referirme a un acto llamativo ni por grandeza, ni por costoso. Es, al contrario, un acto de benevolencia. Podríamos mandar a los bomberos de Cartagena en su nueva flamante estación para realizarlo, aunque claramente no es trabajo de ellos. O quizás a los de Afinia, tan bien robada y mal administrada durante tantas décadas que tuvimos los que pagamos sus facturas, o sea sus clientes, ir a rescatarle sus pérdidas (como si fuéramos socios). Como el proyecto del que hablo requiere conexión eléctrica, no estaría mal que Afinia ayudara. También podríamos decirle a la policía de tránsito local, que muy cerca tiene un CAI ayudando como puede a filtrar el enjambre de mototaxistas entrando a Bocagrande, o finalmente, por qué no, pedirle al Hospital Naval, que usara un pequeño aporte de sus ganancias para lo que significa esta obra noble, al fin y al cabo, siendo esta infraestructura la receptora de quienes saldrían beneficiados.
Pero todos sabemos que en realidad le correspondería a la Secretaría de Tránsito de la ciudad instalar un semáforo peatonal justamente para facilitar el acceso al Hospital Naval, desde el carril de entrada de la avenida San s. Esto sería sin duda un acto valiente. Así, le facilitaríamos el cruce a los enfermos que buscan ayuda solos o acompañados, con muletas o en sillas de ruedas intentando detener el tráfico en una vía rápida para que ellos puedan llegar a su sitio de atención médica sin riesgo de aumentar sus dolencias. Un semáforo peatonal ahí tranquilizaría a todos esos pacientes al saber que oprimiendo un botón tendrán tiempo de cruzar la avenida sin pedir favores, muchas veces a conductores desprevenidos. Ah, claro, las compañías de seguro, tanto de autos como de personas, también respirarían más tranquilas. Pero eso sí, primero hay que ser valientes.
