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Ajena

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24.01.2026

En medio de la terrible gentrificación, percibo que solo podemos habitar la ciudad desde las cuatro paredes de la vivienda. Cartagena está invivible. En la temporada más alta de turistas —porque es cierto: todo el año hay turistas, y muchos— la opción que queda es encerrarse. Habitar la ciudad se ha vuelto un desafío inmenso. La movilidad, el transporte público y los espacios de esparcimiento tranquilos y seguros son escasos y precarios. Salir, especialmente entre noviembre, diciembre y enero, se convirtió en una osadía, un acto de heroísmo o de masoquismo —dependiendo de cómo quiera verse ese vaso— y, sobre todo, de necesidad, porque por gusto, aunque habrá quienes así lo sientan, no resulta muy sensato que digamos.

Todos los días me pregunto si como ciudadanía hemos dicho qué tipo de ciudad y de desarrollo queremos, y........

© El Universal