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Slim y el temor a perder el grado de inversión

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28.05.2026

Carlos Slim salió esta semana a defender a México y a sí mismo. El empresario más rico del país dedicó parte de su conferencia anual a cuestionar la decisión de Moody’s y otras agencias de riesgo que degradaron la perspectiva y la calificación soberana mexicana, además de ajustar la nota de una docena de bancos. El ingeniero calificó como “irracional” el movimiento de Moody’s y aseguró que la economía mexicana mantiene fortaleza suficiente para sostener el grado de inversión. Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum respaldó sus declaraciones y dijo que la voz de Slim “tiene mucho peso”.

México se encuentra prácticamente a un escalón de perder el grado de inversión que obtuvo hace 30 años y que ha sido uno de los principales pilares del país para la atracción de capital, el financiamiento de la deuda y para mantener la estabilidad macroeconómica. Moody’s y Standard & Poor’s modificaron recientemente las perspectivas y calificaciones ante el deterioro fiscal, que, entre otros factores, ha sido generado por el bajo crecimiento, la crisis financiera de Pemex y el incremento de la deuda pública. Hacienda celebró que las agencias hayan dado entre 12 y 18 meses para una nueva revisión, como si se tratara de un voto de confianza, pero en realidad es una advertencia.

Slim entiende perfectamente lo que está en juego porque sus negocios están profundamente expuestos al desempeño financiero del país. De entrada, la degradación soberana arrastró también a varias instituciones financieras, entre ellas a su Grupo Financiero Inbursa. Un perfil crediticio más bajo implica mayores costos de financiamiento y presión sobre acciones y bonos. Para un empresario con presencia en telecomunicaciones, banca, seguros, infraestructura, energía, comercio y construcción, una eventual pérdida del grado de inversión sería desastroso para sus negocios en el país.

Por eso llamó la atención que Slim intentara presentar el tema como un exceso de las calificadoras y no como resultado de decisiones estructurales tomadas desde el poder. La deuda pública de México, medida a través del Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, pasó de alrededor de 10.5 billones de pesos al cierre del sexenio de Enrique Peña Nieto a niveles cercanos a 16 billones hacia 2025-2026. Como proporción del PIB, el indicador pasó de niveles cercanos a 43% a un rango de 52%, de acuerdo con datos de Hacienda. El deterioro se aceleró entre el último tramo del gobierno de López Obrador y el arranque de Sheinbaum, impulsado por el incremento del déficit fiscal, pensiones progresivas, gasto social desbordado, subsidios de proyectos sin rentabilidad y rescates recurrentes a Pemex.

La paradoja es que Slim ha sido uno de los principales beneficiarios del gasto público de los últimos........

© El Universal