Mundial 2026: entusiasmo, vergüenza y resignación
Hay algo incómodo en la emoción que produce un Mundial.
La incomodidad aparece cuando comienzan a llegar los primeros aficionados y la ciudad deja de verse como la vemos quienes la habitamos. De pronto la observamos a través de ojos ajenos. Ojos que no conocen los trayectos de dos horas para recorrer unos cuantos kilómetros, la resignación con la que aceptamos una estación deteriorada, una banqueta rota o una obra pública que parece eterna. Ojos que llegan con la curiosidad intacta de quien está a punto de descubrir un lugar por primera vez.
Y entonces queremos que les guste.
Queremos que regresen a casa contando que estuvieron en una de las ciudades más vibrantes del planeta, que caminaron por calles donde conviven siglos de historia, que probaron una gastronomía imposible de abarcar en un solo viaje, que encontraron una hospitalidad que ninguna campaña turística podría fabricar. Queremos que vean la belleza.
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Pero la belleza nunca llega sola. Junto a ella aparecen las costuras. La pintura lila aplicada a toda velocidad sobre algunas estructuras del Metro, los candiles improvisados, las intervenciones de emergencia, los esfuerzos por embellecer espacios que millones de personas utilizan todos los días revelan una........
