¿Todos nos volvimos "FIFAS"?
Durante unas semanas, México latió al mismo ritmo. Camisetas, banderas, gritos en la calle cada vez que la selección anotaba un gol. Parecería fácil hablar de esa pasión con condescendencia, como si fuera una distracción o una ingenuidad colectiva. Pero el astrónomo Carl Sagan, en su libro Miles de millones, sugirió una hipótesis más cercana: que esa intensidad no era sólo cultural, sino casi genética. Un residuo de nuestro pasado como cazadores, del impulso de gritar en conjunto por la supervivencia de la comunidad. Si eso es cierto, entonces lo que sentimos durante el Mundial no fue una debilidad: fue casi un instinto. Y por eso mismo merece tomarse en serio, no burlarse de él.
La ilusión se rompió en octavos de final. Perdimos ante un país del primer mundo que, además, se quejó amargamente de las condiciones geográficas de nuestra sede, sobre todo, de la altitud y lo que implicaba para sus jugadores, sin detenerse a reconocer que otras “ventajas”, como las condiciones económicas de las ligas inglesas, ya le garantizaban un terreno desigual antes de que iniciara el partido. Y es que desgraciadamente, quien tiene más estructura económica detrás también tiene más margen para quejarse y ser escuchado.
Todos nos volvimos “fifas”
En algún momento de este Mundial, muchas personas empezamos a usar una palabra........
