El Centro es un desierto
Caminé el viernes por el Centro. Sentí que atravesaba el desierto. En Gante recordé un artículo que Andrés Henestrosa publicó en 1999 en el viejo Unomásuno: Henestrosa recordaba que él y su amigo Florencio Palomo Valencia tomaban el aperitivo y la sopa en el restaurante Paolo (en la calle de Gante), el platillo fuerte en el Prendes (16 de Septiembre) y los postres en el Sanborns de los Azulejos.
Hubo un tiempo en el que en cada calle del Centro había un restaurante memorable. Pero esa ciudad de México se perdió para siempre.
Cerca de donde estuvo el Paolo fue inaugurado en 1933 el Salón Luz, un clásico del Centro Histórico: en una atmósfera de caoba servían carne tártara o carne cruda con angulas, acompañadas con pan de centeno. Pero el Salón Luz entregó su venerable barra al Creador en el tiempo horrible de la pandemia.
El Prendes de 16 de Septiembre 10, en los bajos del Edificio Iberia, ya tampoco existe. Es ahora una heladería.
El Prendes original abrió a finales del siglo XIX en una gran manzana que fue derribada para que construyera el Palacio de Bellas Artes. En el siglo siguiente se volvió el gran favorito de la clase política: los viejos meseros contaban que, con frecuencia, a la hora de la comida, llamaban de la oficina........
