Lo que hemos dejado de cuestionar
Algunas ideas producen una incomodidad inmediata, casi física, como si al pensarlas estuviéramos cruzando una línea invisible que nos conduce a un escenario tan simple que, por lo elemental, pareciera vergonzoso. Aquí va una: ¿y si el problema de la política contemporánea no fuera solo la corrupción sino algo más profundo, tan hondo que es silencioso y, por falta de ruido, más aceptado? ¿Y si el problema fuera que hemos normalizado que quien entra al poder debe mejorar su vida material?
Es verdad que hemos llegado a considerar natural algo sutil que no parece corrupción, y es que la política sea una forma de ascenso. Un cambio individual progresivo: mejores contactos, mejores oportunidades; como si gobernar fuera, entre otras cosas, una estrategia de movilidad personal. Pero si uno se........
