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EL PAÍS DEL SAGRADO CORAZÓN

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19.05.2026

EL PAÍS DEL SAGRADO CORAZÓN

No soy historiador y desconozco algunos acontecimientos que marcaron la realidad del país del Sagrado Corazón, Colombia. Ahora, con el incremento de las redes sociales, muchas personas inquietas, movidas por rescatar del olvido esos eventos que golpearon a esta sufrida nación, me entero de un aberrante e inhumano suceso. No lo podía creer y me puse a averiguar, y surgió, límpida e incólume, la evidencia registrada por periódicos colombianos y venezolanos de esa época.

Cabría señalar que nuestra historia está rebosante de silencios que pesan más que muchos discursos oficiales. Sí, silencios de hechos que no solo estremecen por su violencia descarnada, sino por la naturalidad con la que alguna vez fueron aceptados por una sociedad indolente ante los sufrimientos de los desfavorecidos, a quienes observan como animales sin alma. 

Impávido leo que la Masacre de La Rubiera, 25 de diciembre de 1967, pertenece a esa zona oscura de nuestra memoria histórica nacional donde la barbarie dejó de parecer excepcional y se convirtió en costumbre. Y hoy, esa misma forma de violencia física y psicológica se sigue convirtiendo en la piedra angular de una sociedad llena de sangre, no solo por el racismo subyacente, sino también por la descalificación del otro, por el uso de un verbo hiriente, por el irrespeto hacia el semejante y por el abandono estatal. 

Aquí, lo verdaderamente insoportable y sospechoso no es solo que, en aquellas calendas de 1967, hayan sido asesinados dieciséis indígenas Cuibas en una hacienda perdida del Arauca profundo, sino la tranquilidad y la premeditación con la que sus asesinos se expresaron, según los medios, después de lo ocurrido, como si estuvieran describiendo una faena cualquiera del Llano y no una carnicería humana. 

En el relato se cuenta que todo comenzó con la invitación a un sancocho —comida de nuestra tradición culinaria—. Ese tipo de comida se usa para socializar, generando confianza, parentesco momentáneo. Todo fue premeditado. Sí, detrás de todo aquello se escondía una emboscada. Los Cuibas llegaron porque el hambre nunca sospecha y porque nadie imagina que una invitación a comer pueda convertirse en sentencia de muerte. Mientras compartían el........

© El Universal