Solidaridad
Descendía un hombre de Jerusalén a Jericó bajo un sol implacable por un camino polvoriento. En un recodo solitario del sendero fue asaltado: lo despojaron, lo golpearon y lo dejaron tendido, medio muerto. Pasaron por allí un sacerdote y luego un levita; ambos lo vieron y siguieron su camino. Más tarde apareció un samaritano, un extranjero diferente de aquellos que juzgan por ideologías y banderas. No calculó razones ni midió riesgos, al verlo, se compadeció. Se acercó, limpió sus heridas, las vendó, lo subió a su propia montura y lo llevó a una posada. Pagó al posadero y prometió volver para cubrir lo que faltara. No proclamó su bondad, ni buscó reconocimiento; su gesto fue una respuesta genuina y........
