No quiero ser aguafiestas, pero…
No quiero ser aguafiestas, pero cada vez que observo cómo las autoridades educativas crean, regalan, fortalecen y premian procesos y trayectorias educativas, confirmo una verdad incómoda: casi siempre los ganadores son los mismos. Los arrolladores poseedores de una inteligencia cognitiva altamente desarrollada, destacada, no por casualidad en áreas como la matemática, la física y la química.
Premios que, por supuesto, los catapultan hacia la mal llamada educación superior, que en realidad debería llamarse simplemente educación universitaria, porque no toda educación es superior ni toda superioridad es educativa. Esta jerarquización del saber, sostenida y reproducida por décadas, ha dado paso a una forma silenciosa de discriminación: aquella que decide qué tipo de inteligencia merece........
