La pareja de Jericó
Veo a Paloma rezándole a la santa madre Laura. Ella y Oviedo están en Jericó, Antioquia, y Álvaro Uribe, a quien Paloma considera el padre, les habla con voz de abuelo sabio, pero de repente recupera el tono admonitorio: “¡Eso no se discute en este partido!”. Se refiere a la orientación sexual: “Ni discriminación para aislar ni discriminación para vincular. Pero tampoco se pueden discutir los derechos de los niños”. ¿Discriminación para vincular qué significa? La frase, pegada con esa conjunción adversativa a los derechos de los niños, parece asociar condición homosexual con vulneración de derechos. “A todos los papás y las mamás de Colombia les quiero decir que Paloma y Juan Daniel llevarán siempre las banderas”, predica Uribe. Ella usa camisa blanca; él, una corbatica, y ambos tienen la postura que se adopta cuando suena el himno nacional.
Se han referido a ellos como “la pareja política”, y hay algo siniestro en esa denominación y en esta puesta en escena: algo que irrumpe en lo que parece familiar, y nos hace sentir perdidos entre símbolos que no encajan y que nos devuelven al pasado. ¿Qué hace Uribe hablando con voz de Paloma y por qué el señor del rayo en la camisa acepta abjurar de casi todas sus ideas? Esa extrañeza, acordada por supervivencia electoral que impide juntar las piezas en busca de alguna coherencia, es perturbadora. Sabemos que no nos están diciendo la verdad, y aunque eso sucede en tiempos de campaña, esta vez aceptamos un pacto de ficción en el que ni siquiera creen los actores de la farsa.
El enemigo es Cepeda, el enemigo es el comunismo, corean los espectadores, y la candidata promete aprovechar la experiencia de Uribe para gobernar. “Lo voy a llamar todo el día a preguntarle”, afirma en una entrevista, y en otra dice que “cada problema hay que lidiarlo en el momento que es”. ¿Quiere decir que, cuando haya conseguido los votos necesarios, se reafirmará en las posturas de su jefe sobre la familia, el aborto, la adopción, las víctimas del conflicto armado y la JEP?
¿Qué credibilidad puede tener una propuesta que considera las ideas políticas como elucubraciones postergables? ¿Basta con decir que más adelante se hablará de paz, de justicia, de género y de diversidad, porque lo importante por ahora es trabajar “en equipo”? ¿Qué significa hacer “equipo” con una persona que ha declarado su orientación homosexual, y advertirle que esa orientación debe restringirse al ámbito privado? (¿Al clóset de la casa?) ¿Qué significa hablar de “libertades individuales”, en vez de derechos ciudadanos? “El Estado tiene que quedarse en la puerta, son asuntos que trata tu familia, no el colegio ni el Estado”, afirma Paloma al lado de Oviedo, en una entrevista de ‘Cambio’, como si no se hubiera enterado aún de la corresponsabilidad entre el Estado, la familia y la sociedad que está en la ley de infancia.
Oviedo intenta discutir, pero poquito, y es triste oírlo hablar de “ese tipo de excepciones” referidas a sí mismo. Quizás se estremezca cuando su jefa confunde orientación sexual diversa con ese cliché de la ideología de género, usado por la derecha para ganar las elecciones de 2018, y mete en la misma bolsa la transición de género. Si es tan estudiosa, parece imposible que esté tan desinformada.
¿Qué significa hacer 'equipo' con una persona que ha declarado su orientación homosexual, y advertirle que esa orientación debe restringirse al ámbito privado?
Sentiría una puñalada, dice Oviedo, y se toca el pecho. Le han preguntado a Paloma si un niño estaría mejor en el ICBF o en la casa de Oviedo. Su respuesta es evasiva, pero complaciente con su jefe verdadero. Lo siniestro es que Oviedo le ayuda a contestar. Y sabe que, más que un discurso de campaña, es una declaración de lo que será su manera de gobernar. “Al final se hace lo que la presidenta quiera hacer”, dice Paloma.
Juan Daniel sabe que es solo el cordero sacrificial en esa alianza. Y que, quizás después, lo seguirá la candidata.
YOLANDA REYES
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