El pistolero y los ‘milagros’
De niña, veía telenovelas con mi abuela y ella creía que eran verdad. “¡Miserable!”, manoteaba frente al televisor, y le advertía al villano que pronto le llegaría la hora de pagar por sus maldades. Me fascinaba ver cómo sus gestos y su lengua mutaban a una versión apasionada y visceral que solo dejaba aflorar mientras duraba la novela. Luego, cuando salíamos del cuarto de la tele, todo volvía a la normalidad: las fronteras de edad, los roles generacionales, los tiempos y los espacios de la casa y, por supuesto, los límites tajantes entre novelas y noticias; entre ficción y realidad.
Al ver en la pantallita del teléfono los episodios de esta temporada de gobierno, que no lleva dos meses y parece tan agotadora, con sus efectos especiales, su música de acción y sus eslóganes, pienso en cómo estallaron esos límites entre lo que antes llamábamos la realidad factual y las ficciones. En este guion del nuevo mundo que nos venden bajo el título de “Escudo de las Américas”, y que en Colombia........
