Por quién votar el 8M
Llegó la hora. En una semana votamos para Congreso y consultas presidenciales. Ambos son cruciales. Este cuatrienio es prueba de ello. Si no hubiera sido por el contrapeso del Congreso a la Casa de Nariño, quién sabe cuán peor estaríamos hoy. ¿Peor que con el país quebrado, sitiado por grupos armados, con una crisis sanitaria en marcha y una crisis energética a la vuelta de la esquina?
LÉELA PRIMERO
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Sí, peor.
Por eso es fundamental elegir buenos congresistas. No pretendo ser exhaustivo y con seguridad se me quedarán nombres por fuera, pero estos son algunos de los que merecen una curul.
Tiene cierta lógica que muchas de las buenas opciones estén concentradas en las antípodas del actual desgobierno: en las listas del Centro Democrático. La del Senado la encabeza Andrés Forero, uno de los mejores parlamentarios del momento. También destaco al jurista Rafael Nieto, a la periodista Julia Correa, a la abogada María Clara Posada, al politólogo Federico Hoyos y a los actuales congresistas Christian Garcés, Carlos Meisel y Hernán Cadavid.
Pero hay opciones también para no uribistas. Me gustaría ver en el Senado a Daniel Gómez, economista con las ideas bien puestas, y a Betzy Martínez, incorruptible luchadora por los derechos de los niños. Mis preferencias políticas son distintas a las de Cathy Juvinao y Jennifer Pedraza, pero un Congreso con ellas en la Cámara y el Senado, respectivamente, es un mejor Congreso. Hanna Escobar es una incisiva defensora de los pacientes afectados por la crisis de la salud, ojalá llegue a la Cámara. La aguerrida representante Carolina Arbeláez merece repetir curul. Y Bogotá tiene otras buenas opciones: Leonor Espinosa, Hassan Nassar, Juan David Aristizabal, Camilo Enciso. Si yo votara allí, lo haría por Daniel Briceño, naciente estrella política del CD.
En cuanto a las consultas interpartidistas, la Gran Consulta por Colombia es la única que vale la pena. La ‘Consulta de las Soluciones’ solo le soluciona la candidatura a Claudia López, no decide nada sustancial, da lo mismo votarla que no. Y votar en el ‘Frente por la Vida’ es respaldar el ala más politiquera del petrismo: la maquinaria –representada en Roy Barreras– y la corruptela –representada en la imputación de Daniel Quintero–, disfrazadas de consciencia social.
En la Gran Consulta está lo que hemos echado de menos estos años: seriedad, capacidad de ejecución, conocimiento del Estado, respeto por la Constitución, un despertador que funcione. El uribismo tiene en Paloma Valencia a una de las mejores políticas del país, que podría materializar la exquisita ironía de que la primera mujer presidenta de Colombia surja de la derecha y no del progresismo. Y los no uribistas tienen ocho opciones para escoger. Hasta el santismo está invitado a la fiesta.
Aun si el candidato propio para la primera vuelta no está en el tarjetón, hay que participar en la Gran Consulta. Hay que hacerlo para frenar el derroche. Para recuperar la sobriedad de la figura presidencial. Para castigar, al menos electoralmente, a los bandidos que compraron al Congreso con la plata de los pobres de La Guajira. Para exigir que se dejen de usar los medios estatales como megáfonos de la propaganda y la desinformación. Para resituar a la empresa privada como motor del crecimiento y el empleo. Para salvar la salud. Para dejar de entregarles el país a los asesinos.
Hay que ir a las urnas por Kevin Acosta, el niño que murió por falta de tratamiento para la hemofilia. Por Cecilia Quintero, la septuagenaria que se desplomó esperando sus medicamentos en un dispensario en Cúcuta. Y por Miguel Uribe Turbay, cuyo nombre no estará en el tarjetón.
El 8 de marzo podemos comenzar a ponerle fin al error histórico que cometió Colombia en 2022. Si desperdiciamos esta oportunidad, pronto no habrá vuelta atrás.
THIERRY WAYS
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