Goles de ternura
Conocí a Shakira en 2008, en el Gran Concierto Nacional que organizamos en Leticia desde el Ministerio de Cultura. Estaba en el escenario junto a Carlos Vives y a los abuelos de la maloka de Moroapu, celebrando la independencia del país desde la Amazonía. Recuerdo su profesionalismo impecable, su energía vital, su compromiso genuino. No era solo una estrella: era una artista consciente del poder simbólico de su voz y de su lugar en la historia cultural del país.
Por eso no me sorprende —pero sí me conmueve— que haya puesto hoy en el centro a la música africana y a los niños, en medio de un ambiente global de pocas alegrías y demasiadas tensiones. En tiempos en que la esperanza parece frágil, hay algo profundamente político y humano en ese gesto: celebrar la vida con alegría e inocencia como acto de resistencia.
África es memoria ancestral y es también futuro. Es el continente más joven del planeta, el que más crece demográficamente y el que en las........
