Ignorar a Petro
Aterrado ante el ineludible destape de la gigantesca corrupción de su mandato, el presidente saliente, Gustavo Petro, ha optado por su táctica preferida: incendiar la casa. A punta de trinos donde las alucinaciones se entremezclan con los horrores ortográficos y la falta de lógica, sindéresis y gramática, para no hablar de las descaradas falsedades que asoman, amanece un día con ganas de aferrarse a la silla presidencial como un perro a su mordido hueso, y al otro recapacita y le dice a su colega brasilero, Lula da Silva, que sí, que cómo no, que él se va de la Casa de Nariño el 6 de agosto, con 24 horas de anticipación a la asunción del nuevo mandatario, Abelardo de la Espriella.
LÉELA PRIMERO
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Que Petro se comporte así tiene algo de sentido. Primero, porque ese festival de incendiarios posteos, casi siempre escritos de madrugada —no porque se esté levantando, sino porque apenas se va a acostar— es el mismo que lleva cuatro años desatando. Y........
