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La Amazonía, en zona de alto peligro

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Hace tres años, en mi columna en este diario (3 de febrero de 2023) señalé que “la deforestación masiva de la Amazonía es causa central del declive de la biodiversidad global –en la región se ubica la cuarta parte de las especies terrestres–, y genera la liberación de CO2, lo que está contribuyendo en forma sustancial al cambio climático. Si se deforesta entre el 20 y el 25 %, el sistema selvático transitaría, como consecuencia de la pérdida de humedad, hacia ecosistemas no forestales, hacia un proceso de sabanización en el este, sur y centro de la región”.

Esta sabanización, producto de la pérdida de la humedad, está desestabilizando el ciclo del agua superficial, así como los ríos voladores, que son corrientes de vientos que transportan grandes cantidades de vapor de agua y se nutren de la evaporación del océano Atlántico y de la evapotranspiración del bosque amazónico. Estos ríos voladores tienen una gran incidencia en la humedad asociada con el caudal de los ríos en la alta montaña y en consecuencia son vitales no solo para la provisión de agua dulce de ciudades como Bogotá, Quito, Lima y São Paulo sino de regiones lejanas como la meseta del Tíbet, ubicada a 14.000 km de la Amazonía, en la cual nacen diez ríos de los que dependen 1.500 millones de habitantes.

La lucha contra la deforestación de la selva amazónica es una prioridad global y será el producto, principalmente, de la acción de los ocho países que la comparten. Sin embargo, nuestro país lo está haciendo muy mal. Rodrigo Botero, el principal experto en la Amazonía colombiana, señaló en reciente entrevista en este diario que la minería ilegal, 17 grupos armados y el drástico aumento de las vías ilegales afectan gravemente esta zona del país. La construcción de una enorme red de carreteras, sin permiso de las autoridades ambientales y de planificación, y en su mayor parte financiadas con recursos del Estado, facilita la deforestación de amplias áreas de suelos para establecer grandes haciendas de ganadería extensiva y para la especulación. No se trata de campesinos pobres en pos de la supervivencia. Ellos solo son asalariados de grandes terratenientes, muchos de estos asociados a grupos armados y capitales ilegales que controlan la mayor parte de este territorio.

Botero señala que, según sus investigaciones: “El punto de quiebre del incremento de la deforestación ocurrió hace 8 años, en 2017, tras el acuerdo de paz con las Farc. Aunque el ritmo de deforestación ha bajado comparativamente en los últimos dos años, el acumulado no ha parado. Estamos ante una tendencia brutal: lo que ha sucedido en estos últimos nueve años no había pasado en los 30 anteriores... Colombia ostenta el triste récord del mayor número de kilómetros de trochas por kilómetro cuadrado entre los 8 países amazónicos”.

Esta sabanización, producto de la pérdida de la humedad, está desestabilizando el ciclo del agua superficial, así como los ríos voladores, que son corrientes de vientos que transportan grandes cantidades de vapor de agua

Una de las principales causas del deterioro de los ecosistemas amazónicos es hoy la explotación ilegal del oro aupada por el incremento de su valor, que de US$ 1.900 la onza en 2023 ha pasado a US$ 5.000-5.300 en 2026. Y a esto se adicionan las tierras raras, 17 elementos químicos, claves para la tecnología moderna, incluyendo las energías limpias, que se están extrayendo ilegalmente sin que el Estado haya hecho su inventario.

Otra de las principales causas de la pérdida de bosques en la Amazonía son los incendios forestales causados por el calentamiento global, que continúa en incremento como consecuencia del fracaso del Acuerdo de París, tal como se manifiesta en el hecho de que el aumento de la temperatura promedio de la superficie de la Tierra, en comparación con la era preindustrial, superará 1,5 °C, antes de que finalice esta década, siendo este límite el acordado en el Acuerdo para evitar que el planeta ingrese en una zona de alto riesgo.

Y para cerrar este cuadro tan gris, señalamos que nos encontramos en el período en que la protección del medio ambiente registra su más baja prioridad mundial desde que se firmaran las convenciones de cambio climático y biodiversidad hace más de treinta años.

MANUEL RODRÍGUEZ BECERRA

(Lea todas las columnas de Manuel Rodríguez en EL TIEMPO, aquí)


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