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El pulso de los ‘vices’

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16.03.2026

Mientras Iván Cepeda cierra filas entre sus más radicales seguidores con la selección de Aída Quilcué, como si no necesitara ni un voto más de los que ya tiene en sus propios cuadros y con los que por ahora va ganando las encuestas, Paloma Valencia abre la puerta a un ‘vice’ que convoca y representa sectores distintos de los que ya están en su campaña.

Algunos técnicos en los mundiales de fútbol, cuando su equipo va ganando el partido definitivo, sacan delanteros y volantes y refuerzan la defensa, encerrándose atrás con la esperanza de que corra rápido el reloj para que en el momento del pitazo final logren conservar la mínima diferencia. Renuncian a jugar bonito, renuncian a agradar al público, renuncian a meter más goles.

Ese parece ser el caso de la senadora Aída Quilcué, que es toda una figura dentro de los sectores que ya están con Cepeda, pero que no parece tener gancho para atraerle nuevos electores.

En contraste, hay técnicos que cuando saben que deben remontar un resultado preliminar adverso y les apuestan a la creación, a la capacidad de jugar bien y a la fortaleza de su equipo, buscan complementar su nómina en el campo con un jugador que sorprende, disruptivo, talentoso, con aroma de gol. Y así le apuestan a ganar.

Oviedo es ese jugador hiperpreparado que no viene de la cantera del equipo, pero que llega en el momento clave para resolver el partido.

Es el jugador que viene de otra escuela, que ha jugado con otras camisetas y que siempre ha demostrado talento y capacidad.

Aceptar el llamado de Cepeda para Aída era fácil. De hecho, Cepeda ya fungía como su jefe. Para Oviedo, en cambio, era difícil. Se requerían coraje y mucho patriotismo para arriesgarse en defensa del interés superior y aceptar la invitación para construir desde la diferencia, sobre todo porque lo más cómodo para él habría sido quedarse por fuera de las presidenciales, lo que lo habría dejado casi listo para ganarse otro campeonato distinto: el de la alcaldía de Bogotá.

La despiadada campaña en redes contra Oviedo lo único que demuestra es que Paloma y Oviedo acertaron.

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Mientras todo esto ocurría, Abelardo se jugó con un ‘megacrack’ de todos los kilates. Siempre desde el juego limpio, si tiene que tapar goles los tapa, si tiene que defender defiende y si tiene que meter goles los mete. José Manuel Restrepo es un todoterreno virtuoso y honorable, preparado como pocos, incluso, para asumir el timón de la nación.

Aceptar el llamado de Cepeda para Aída era fácil. De hecho, Cepeda ya fungía como su jefe. Para Oviedo, en cambio, era difícil. Se requerían coraje y mucho patriotismo para arriesgarse en defensa del interés superior y aceptar la invitación para construir desde la diferencia

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Lo que a estas alturas del juego palomistas y abelardistas deben entender es que para ellos los enemigos por vencer juegan con la camiseta del Pacto Histórico y que si se dedican a cascarse entre ellos mismos, se habrán dado tanta leña que en segunda vuelta podrían quedarse sin piernas para el juego final. Ojo, no se equivoquen. Ni Paloma podría ganar la segunda vuelta sin los abelardistas, ni Abelardo podría ganar la segunda vuelta sin los palomistas.

No quemen las naves.

No se embarquen en refriegas innecesarias.

No se hagan daño.

Por lo demás, en el tarjetón de los ‘vices’ irrumpieron desde distintas orillas buenos nombres que enaltecerán el debate. Entre quienes más conozco, es el caso de Luz María Zapata, Edna Bonilla, Luisa Fernanda Villegas, Luis Carlos Reyes o Martha Zamora. En general, debo decirlo, me han hablado bien de todos los ‘vices’.

Los equipos están listos. La cancha está esperándolos.

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Ojalá no estimulen las grescas, ojalá no terminen en disturbios en las tribunas y en las calles, ojalá impere el ‘fair play’ y ojalá quien está llamado a darles garantías a todos con una camiseta institucional de árbitro sereno y justo no termine convertido en el jugador 12 de ningún equipo, voleándoles pata y tratando como rivales a quienes tiene que garantizarles un partido transparente.

JUAN LOZANO

(Lea todas las columnas de Juan Lozano en EL TIEMPO, aquí)


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