El drama del reclutamiento
Señor Director:
Sobre su comentario editorial ‘Reclutadores de niños’, sin duda uno de los capítulos más dolorosos del conflicto es la utilización de los menores, el reclutamiento a la fuerza, es decir, arrancarlos de sus hogares, con todo lo que ello significa: el dolor para los padres, la tragedia de las familias en general, el truncarles las vidas a miles de niños y niñas que pudieron ser deportistas, médicos, ingenieros, técnicos o simplemente productores del agro, pero en paz. Pero, en cambio, cayeron en manos criminales que los abusaron, les enseñaron a matar, a cuidar secuestrados y obligaron a las mujeres a abortar o a regalar a sus niños.
¿Algo hay peor que eso? Pero es un paso que los jefes guerrilleros de entonces hayan reconocido esa brutalidad. Ahora, hay que reparar en lo que más se pueda, “materializar las sanciones”, pedir perdones sinceros y trabajar por que más niños no vivan ese miserable drama.
Lucila González de M.
Votar en libertad
Señor Director:
Uno de los derechos y poderes más grandes que tiene el ser humano es el libre albedrío, el poder decidir sin ninguna clase de presiones económicas, morales, políticas; es ser autónomo entre varias alternativas. El próximo domingo los colombianos estamos invitados a ejercer el derecho al voto por la persona que más confianza nos da, sin presiones de ninguna naturaleza. Yo no vendo mi voto, yo voto por principios, por valores y por una patria mejor cada día. Colombia no se vende, Colombia se respeta. Vayamos a las urnas con la conciencia tranquila, sin haber negociado ni vendido la libertad, sin haber comprado a nadie su conciencia, votemos en paz, votemos a conciencia. Eso es salvar la democracia. Votemos por rescatar este maravilloso país llamado Colombia. Salvemos nuestro hogar.
Jorge Trujillo Mejía
El nuevo desplazamiento
Señor Director:
“El desplazamiento forzado", frase muy utilizada en conflictos armados, lo va a realizar el Gobierno, sin fusil, con más de dos millones de afiliados al sistema de salud, al trasladarlos a la fuerza y sin su consentimiento desde distintas EPS, muchos de ellos hacia la intervenida Nueva EPS. Una empresa que, por demás, no cuenta con la capacidad instalada y contratada para todos los afiliados que hasta ahora tiene.
Pero el Gobierno lo decidió así, de manera unilateral e inconsulta, no para garantizar la prestación de los servicios de salud a la población, sino para hacer que el caos crezca y culpar a los congresistas que no quisieron aprobar las reformas. Es lo más cruel e indolente que se ha visto en políticas públicas en la historia reciente de nuestro país.
Wadid Arana D.
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