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Los amores de Julio Cortázar

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19.03.2026

Los amores de los escritores suelen ser apasionados, complejos y turbulentos. El amor de Virginia Woolf por Leonardo debía pasar por la amorosa pasión que la escritora inglesa sentía por Vita Sackville-West.

(Le puede interesar: Dramaturgos colombianos).

El pintor Diego Rivera tuvo que soportar las relaciones íntimas de su mujer, la pintora Frida Kahlo, con León Trotski, el líder de la revolución rusa, cuando llegó a México, perseguido por José Stalin.

El escritor Salvador Novo, a quien le decían en México ‘Nalgador Sobo’, acostumbraba a pasearse de la mano por el Zócalo con Xavier Villaurrutía, escandalizando a los transeúntes.

En Colombia acaba de aparecer una extensa biografía escrita por el médico, pintor y escritor Fernando Rivillas, titulada: Julio Cortázar, el escritor y sus cuatro amores (Planeta).

Rivillas, quien ha sido un cronopio a carta cabal, ha dedicado más de diez años a perseguir al autor de Rayuela, después de su muerte acaecida en París en febrero de 1984.

Antes de emprender varios viajes que lo llevaron por el mundo para entrevistar a los amores y los amigos que le quedaban a Cortázar, Rivillas leyó los perfiles y las biografías que hasta la fecha se han realizado sobre el autor rioplatense: Mario Goloboff, Miguel Dalmau, José Alias y Cristina Peri Rossi. El resultado fue la escritura de una biografía novelada que, según la prologuista Ana Roda, está “muy bien documentada, escrita con afecto y conocimiento”.

El primer amor que tuvo Cortázar fue la escritora y traductora argentina Aurora Bernardez. Son los años cincuenta de la posguerra: Sartre y Simone de Beauvoir, el blues y el jazz en la colina de Montmartre.

Es un libro que, a través del escritor argentino, nos muestra una generación de latinoamericanos que fue parte de la diáspora europea y de una época.

Julio es un joven alegre, amoroso y lleno de humor. Aurora es una mujer introvertida, hasta que los barbudos de Fidel Castro bajan de Sierra Maestra y derrocan al dictador Fulgencio Batista.

Cortázar viaja a Cuba en compañía de Bernardez para presenciar la Revolución cubana. La escritora argentina es más reservada con la revolución. Después de su viaje a Cuba, deciden divorciarse.

En 1963, el cronopio mayor publica la novela Rayuela, una novela que va a revolucionar la literatura hispanoamericana. Es el gran acontecimiento literario del continente.

Al año siguiente, Cortázar conoce a Ugné Karvelis, una joven de origen lituano, bella, fogosa y esplendorosa, de ojos violetas, que trabajaba como editora de libros extranjeros en la famosa editorial Gallimard.

Aurora Bernardez, que la conoció, dice que “Cortázar le tenía miedo a Ugné”. Después de vivir cerca de una década, se separan porque continuamente tenían choques, peleas y celos.

En un viaje a Montreal, Canadá, el autor argentino conoce a Carol Dunlop, la “osita tierna”, como la llamó Julio.

Cortázar la invita a París, y ahí vive con Carol, quien también es escritora y fotógrafa. Con la escritora estadounidense, comparten varios proyectos literarios, entre los que se destacan: Los cosmonautas de la Autopista, un libro escrito al alimón que relata su viaje en auto París-Marsella.

Finalmente, tenemos a la Maga, el personaje que camina por París al lado de Horacio Oliveira. El libro de Rivillas confirma que la amiga de Aurora y Julio, Edith Arón, fue el alter ego de este personaje extraordinario, determinante en la vida de los latinoamericanos en París.

A los dos años de la muerte de Carol, murió Julio Cortázar. En su libro Julio y Cris, la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi afirma que, como Carol Dunplop, el gran cronopio murió por una transfusión de sangre contaminada.

Julio Cortázar: el escritor y sus cuatro amantes, de Fernando Rivillas, es un libro rico, maravilloso y complejo. Es un libro que, a través del escritor argentino, nos muestra una generación de latinoamericanos que hizo parte de la diáspora europea y de una época.

(Lea todas las columnas de Fabio Martínez en EL TIEMPO, aquí)


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