Notas divertidas y notas tristes
Comencemos por las divertidas. Yo me divierto mucho con las alocuciones presidenciales. Ya me acostumbré al sonido del lápiz bailando sobre la mesa mientras el personaje va soltando infinidad de barbaridades sin hilación ninguna, mezclando el clítoris de las mujeres con el evangelio, a Hegel con Shakira, a la cuántica con las lentejuelas y los marcianos en un alocado juego intelectual. Trato de seguirle la conversación porque me suelo perder en la endiablada mescolanza de personajes, ideas, mentiras, exageraciones y delirantes narcisismos. Lo que me disgusta es que se alarga y no me deja ver las noticias de masacres, extorsiones, secuestros, asesinatos de líderes, desplazamientos y paros armados del país “potencia de la vida”.
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El orgullo. Un señor muy importante dijo que se enorgullecía de haber sido guerrillero. Muy bien. Pero eso querría decir, sin hilar muy fino, que se enorgullece de las matanzas de la guerrilla, de los secuestros, de las torturas, de los asesinatos, de los reclutamientos de menores, de los paros armados. ¡Horror y descaro supremos!
Comprensión. Entiendo muy bien a los candidatos porque tienen respuesta para todos los problemas del país. Pero al mismo tiempo los compadezco porque los llaman de todas partes, de todas las instituciones, de todos los gremios, de todos los sectores de la sociedad, y a todos les deben prometer soluciones. Los compadezco.
Los Atlantes. Las cariátides eran estatuas de mujeres que a modo de columnas sostenían los templos griegos. Las más famosas son las del Erecteión en la Acrópolis. Cuando esas estatuas eran hombres se llamaban atlantes o telamones. Así me parecen los ministros y funcionarios que aparecen al lado de Petro en sus discursos, apoyando al jefe. Los compadezco porque deben reír o aguantarse los comentarios cuando el jefe comienza a decir barbaridades y mentiras.
No conoce la historia un presidente más incongruente.
Vergüenza. Sentí tristeza y dolor de patria cuando el ministro del Interior dijo: “Es que la prensa se volca contra el presidente”. Yo pensé que teníamos gente culta en las altas esferas del Gobierno. Sentí ganas de enviar al ministro de marras a estudiar tercero de primaria en una escuela oficial para que no siga haciendo el ridículo. Lo grave del asunto es que el locuaz ministro no se entera de sus errores y se cree el summum de la decencia y de la inteligencia. ¡Pobre país! Se dice ‘vuelca’.
Cárceles. Sepa el Estado y sepan los colombianos que las parrandas y otras ilegalidades de las cárceles se seguirán presentando por una sencilla razón. A los directores de los penales y a los guardianes imputados o los cambian de institución o los destituyen. Y ellos se van tranquilos y felices con el dineral con el que posiblemente los han comprado. Las parrandas continuarán, los celulares con los que siguen delinquiendo desde los penales seguirán, las comodidades en alimentación y televisores y otros aparatos se seguirán presentando en los penales. Igual que lo que ocurre con los grandes ladrones del Estado. O los meten a la cárcel, o los declaran inocentes por vencimiento de términos o les dan las ridículas “casas por cárcel”, pero no los obligan a devolver las millonadas que nos robaron.
El país caminaría mejor si la justicia fuera coherente y acertada en sus decisiones. Las determinaciones de muchos jueces nos hacen recordar el Evangelio: “Si la sal pierde su sabor, con qué se la salará”.
Incongruencias. No conoce la historia un presidente más incongruente. Se fue a Barcelona a un foro de defensa de la democracia. Él, que no reconoce a la CONSTITUCIÓN, al Consejo de Estado, a la Corte Constitucional, al Banco de la República, a la Procuraduría, a la Contraloría, a la Fiscalía, a los jueces. En otras palabras, él, que destruye la democracia y sigue tan campante.
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