98 años no son nada
Si volviera a nacer, el maestro Guillermo Angulo, quien este jueves cumple 98 abriles; dos hijos, Alessandro y Paolo, y un nieto, Martín, reencarnaría en jardinero.
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Los días previos a su cumple los ha pasado fotografiando flores como la Brownea ariza, Hibiscus schizopetalum y Aechmea fulgens.
La Biblioteca Nacional le acaba de editar El jardín de Thanatos. Tanto las fotos como los “textículos”, como los llamaba León de Greiff, son de Angulo. “Es la historia de mi jardín que, como yo, se está muriendo... Ya no celebro (años) sino que hago cuenta regresiva... La mayoría de esas flores ya murieron... O sea, solo viven, como nuestros abuelos, gracias a la fotografía”.
De su nieto Martín, de 8 años, aprendió que en Europa no hay colibríes. Le pregunté cómo se siente ennieteciendo. Su respuesta fue que, como Petro, llegó tarde a su destino de abuelo.
No es egoísta y comparte la receta de su larga vida: cuando tenía 14 años leí en un orinal de Medellín esta frase y la seguí al pie de la letra: “Si quieres conservarte fuerte y sano, no des a la mujer lo que tienes en la mano”.
Y como Angulo es ateo, en sus 98 abriles le deseo que los dioses le sean propicios...
A su edad, los médicos le quitaron “una presa que no sirve para nada, porque no me la reemplazaron con medicinas: la vesícula biliar”. Y hace un doble reconocimiento: “Mi doctora y mi oftalmólogo me han agregado vida”.
A sus hijos Alessandro, cineasta, y Paolo, editor, les enseñó a leer en la revista Playboy. A los once años, el menor le preguntó al mayor: “Hermano, ¿por qué el piano trae teclas blancas y negras?”. La respuesta llegó rápido: “Las teclas negras solo se tocan en los entierros”.
Anguleto, como le decía García Márquez, le confesó a la revista Soho que si hubiera escrito sus memorias, las habría titulado ‘Memorias del alzhéimer’, con esta dedicatoria: “A don Alois, sin cuya abnegada ayuda estas memorias hubieran quedado plagadas de recuerdos de verdad”.
Su hijo Paolo diseñó la carátula de su penúltimo libro, Gabo + ocho, dedicado a su esposa: “A Vanna en su laberinto”. Al momento de morir, tanto su mujer como Gabo estaban bajo el paraguas del alzhéimer. En esa condición, cuenta Angulo en su libro, García Márquez comentó cuando terminó de leer su obra Cien años…: “Este man sabe escribir”.
Y como Angulo es ateo, en sus 98 abriles le deseo que los dioses le sean propicios...
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