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¿Supermercados públicos? Pues tal y cómo deberían ser

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04.06.2026

Opinión ¿Supermercados públicos? Pues tal y cómo deberían ser

Director de Justicia Alimentaria

Hay una pregunta que cada vez más familias se hacen al pisar un supermercado, ¿cómo puede ser que apenas pueda comprar producto fresco? La inflación alimentaria no ha sido una tormenta pasajera. Desde 2021, el precio de los alimentos básicos se ha disparado en España, más de un 41% mientras los salarios se quedaban atrás. Aceite, fruta, verduras, huevos, carne o pescado han dejado de ser productos cotidianos para convertirse en artículos de cálculo permanente. Millones de personas compran mirando el precio antes que la calidad, sustituyen alimentos frescos por ultraprocesados baratos o, directamente, reducen comidas.

Pero el hecho de que una parte creciente de la población se ve expulsada de una alimentación saludable no ha sido casualidad, ni efecto sólo de las crisis que vivimos. No hace falta más que ver que en ese período de tiempo las grandes cadenas de distribución siguen aumentando ventas y márgenes. No hablamos de una crisis puntual, sino de un cambio de era. Entramos en los precios caros de los alimentos básicos y aumento de márgenes para un mercado extremadamente concentrado, mientras los poderes públicos miran para otro lado. Un puñado de supermercados decide qué se produce, quién lo produce, cuánto cobra el campesinado y cuánto paga la ciudadanía, y al final la factura siempre acaba en la misma mesa, en nuestras mesas de las familias trabajadoras.

Las consecuencias son devastadoras. La mala alimentación ya no es solo un problema de pobreza, es un problema de salud pública y de desigualdad social. La obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares crecen precisamente en los barrios donde menos acceso hay a alimentos frescos y asequibles. Comer sano se ha convertido en un privilegio de clase.

Durante años, nos dijeron que el mercado garantizaría abundancia y precios bajos. La realidad demuestra lo contrario, barrios sin comercio alimentario de proximidad, desaparición de mercados municipales, gentrificación o venta de los mismos a supermercados a dos duros, dependencia absoluta de grandes cadenas y una dieta cada vez más basada en productos ultraprocesados baratos.

Cuando hablamos de supermercados públicos no hablamos de una rareza ideológica, sino de asumir que la alimentación es demasiado........

© El Salto