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Todos los caminos hacia Palestina encuentran una frontera

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Opinión Todos los caminos hacia Palestina encuentran una frontera

A finales de julio, una caravana internacional salió de Bosnia y Herzegovina con un propósito tan sencillo de explicar como difícil de realizar: llegar por tierra hasta Palestina. El recorrido comenzó en Sarajevo, pasó por Srebrenica y continuó atravesando los Balcanes y Turquía. Personas procedentes de distintos países decidieron recorrer juntas miles de kilómetros para convertir la solidaridad con Palestina en algo más que palabras: movimiento, encuentro y organización.

Pero la caravana no llegó a su destino. Cuando intentaba continuar hacia Irak, quedó bloqueada en el paso de Ibrahim Khalil. Después de varios días de espera y sin conseguir una vía para seguir avanzando, sus participantes decidieron poner fin al viaje y regresar.

Sería fácil contar esta historia como la de una iniciativa que fracasó porque no consiguió alcanzar Palestina. Pero medirla únicamente por el destino al que no pudo llegar sería perder de vista lo esencial: personas procedentes de distintos lugares decidieron organizarse, recorrer juntas miles de kilómetros y desafiar las barreras políticas que separan a los pueblos de Palestina. Y es precisamente cuando la solidaridad deja de ser una declaración y se convierte en movimiento cuando aparecen con mayor claridad los intereses y las relaciones de poder que pretenden contenerla.

El imperialismo no pertenece al pasado

No es la primera vez. Una y otra vez, caravanas, marchas y flotillas intentan abrir caminos hacia Palestina y diferentes autoridades intentan cerrarlos. Esas barreras forman parte de una región atravesada durante décadas por ocupaciones, guerras, bases militares e intervenciones extranjeras que han fragmentado países, condicionado gobiernos y convertido territorios enteros en escenarios de disputa entre potencias.

Libia es uno de los ejemplos más evidentes. En 2011, la OTAN intervino militarmente en un conflicto interno y utilizó la superioridad militar de las potencias occidentales para determinar desde fuera el desenlace político del país. Al margen de cualquier valoración sobre el gobierno de Muamar Gadafi, el futuro de Libia correspondía decidirlo al pueblo libio, no a las potencias extranjeras mediante una intervención militar. Quince años después, el país continúa profundamente fragmentado y sometido a múltiples injerencias externas.

En mayo de 2026, esa realidad volvió a cruzarse con uno de los caminos hacia Palestina. La Global Sumud Land atravesó el norte de África con cientos de participantes de numerosas nacionalidades y vehículos cargados con ayuda destinada a Gaza. Después de recorrer miles de kilómetros, su avance fue bloqueado en Libia. Era la segunda vez que se impedía continuar a la caravana. El 24 de mayo, diez de sus integrantes acudieron a negociar el paso con las autoridades de facto del........

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