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‘Torrente, presidente’: autopreservación y dominación

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16.03.2026

Opinión ‘Torrente, presidente’: autopreservación y dominación

Nada ocurre por casualidad. Tampoco la muerte de Jürgen Habermas el fin de semana que se estrenaba Torrente, presidente. Si el sociólogo y filósofo alemán escribía en Conocimiento e interés (1968) que “detrás de los ideales de objetividad y las pretensiones de verdad (...) se esconden imperativos de autopreservación y dominación”, la sexta aventura del brazo tonto de la ley, orquestada como siempre por Santiago Segura, pone de manifiesto la hipocresía y la falta de escrúpulos que caracterizan el ejercicio actual de la política a fin, justamente, de preservar la posición de cada cual y dominar desde la misma el signo de los relatos colectivos, nuestra percepción de la realidad.

Los títulos de crédito iniciales de la película van acompañados del tema “Habla, pueblo, habla”, con el cual el grupo Vino Tinto alentó con ánimo idealista a la participación de la ciudadanía en el referéndum para la reforma política de 1976. Segura concluye de inmediato que, medio siglo después, estamos menos interesados en razonar mediante el diálogo que en silenciar al contrario. Podría pensarse por tanto que Torrente, presidente es la “parodia satírica” más comprometida de todas las realizadas por Segura en torno al impresentable policía que también interpreta; un representante arquetípico de la España profunda y franquista que, lejos de ser una especie en extinción, goza de buena salud, como atestigua la recepción entusiasta a la película por parte de los sectores conservadores y, algo importante, masculinos de la sociedad española.

Segura, tan inteligente como siempre, ha tenido la paciencia de esperar para resucitar a Torrente en el momento más oportuno, cuando se percibe en el aire un cambio de tendencias ideológicas

No hay sin embargo que engañarse. Segura, tan inteligente como siempre, ha tenido la paciencia de esperar para resucitar a Torrente en el momento más oportuno, cuando se percibe en el aire un cambio de tendencias ideológicas; por mucho que trate de cubrirse las espaldas al hacer que el personaje —para quien, como sucede con sus fans irredentos, no ha pasado el tiempo desde Torrente 5: Operación Eurovegas (2014)— sea captado por Nox, versión indisimulada de Vox, como activo publicitario. Torrente, ingentrificable en tanto español de pura cepa, es decir, pícaro y miserable, escapa al control de los dirigentes del partido, tecnócratas al servicio........

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