‘El mago del Kremlin’: de zares y maquiavelos
Opinión ‘El mago del Kremlin’: de zares y maquiavelos
Como en otra película reciente de prestigio basada en hechos reales, Núremberg (2025), hay mucho de grotesco en El mago del Kremlin. Su adaptación de la novela homónima del politólogo italiano Giuliano da Empoli deja a un lado las reflexiones más ensayísticas del protagonista, Vadim Baranov —inspirado en el ideólogo y propagandista ruso Vladislav Surkov—, sobre el ejercicio del poder en tiempos de nostalgia, posverdad y simulacro, para otorgar al Baranov de la pantalla (Paul Dano) y su voz en off la condición sobre todo de guía cínico y desenfadado por los eventos más destacados en la Rusia abocada, tras la caída del Muro de Berlín, al capitalismo oligárquico y los mandatos autócratas de Vladimir Putin.
Los flashbacks confesionales de un Surkov retirado a Rowland (Jeffrey Wright), periodista estadounidense que le entrevista en su dacha, ostentan un carácter enunciativo y didáctico que hace de la película una suerte de narración periodística, un reportaje dramatizado. La ironía puesta de manifiesto por el director Olivier Assayas a la hora de retratar los horrores sociopolíticos de la hipermodernidad en Viaje a Sils Maria (2014) y Personal Shopper (2016) y la presencia como coguionista del orfebre de la no ficción Emmanuel Carrère suponen al respecto toda una declaración de principios.
Assayas y Carrère se lo han pasado en grande recreando los imaginarios del underground artístico en la Unión Soviética que pasaba a ser Rusia, los excesos mediáticos y económicos de los salvajes noventa, y la llegada y perpetuación en el poder de Putin a través de hitos como la Segunda Guerra Chechena........
