El dieselazo, el dólar se divorcia y el BCB saca la aspiradora
Tres movimientos de una misma partida macroeconómica: el diésel sube 83 %, el dólar se divorcia de los 10 centavos y el Banco Central anuncia que absorberá Bs 3.000 millones. Mientras tanto, la inflación prepara sus maletas para instalarse en nuestros bolsillos. El desafío consiste en evitar que, intentando expulsarla, terminemos desalojando también a la producción y al empleo.
El incremento del diésel de Bs 9,80 a Bs 17,95 por litro no se quedará estacionado en el surtidor. Este combustible mueve camiones, buses, tractores y buena parte de nuestra logística. Su encarecimiento inicia un largo viaje por toda la economía. Pero ahora tenemos dos nuevos pasajeros: el Banco Central de Bolivia (BCB), que anuncia una operación de absorción monetaria, y el dólar, que acaba de recuperar su libertad sentimental.
Tenemos tres acontecimientos simultáneos: un shock de oferta que encarece la producción, una política monetaria contractiva que pretende contener la inflación y una flexibilización cambiaria que modifica la formación del precio del dólar. Tres fenómenos que pueden complementarse, pero también producir efectos contradictorios. La pregunta es si conseguiremos controlar la inflación sin profundizar la debilidad económica.
Comencemos por el shock de costos. Cuando aumenta el diésel, transportar papa, carne, cemento o cualquier mercancía resulta más caro. Los productores intentarán trasladar parte del incremento a los consumidores. Naturalmente, no todos los precios subirán 83 %. El impacto dependerá de la intensidad energética en cada sector, la competencia, los márgenes empresariales y la capacidad adquisitiva.
Desde la teoría macroeconómica, enfrentamos un shock negativo de oferta agregada: aumentan los costos, disminuye la producción y suben los precios. Es decir, tenemos saltos en la inflación, pero también mecanismos aceleradores del aumento de los precios.
El primer mecanismo de propagación de la........
