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La crisis de la vivienda convierte separarse en un lujo: "Comparto casa con mi ex porque no puedo pagarme un piso"

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03.10.2026

La crisis de la vivienda convierte separarse en un lujo: "Comparto casa con mi ex porque no puedo pagarme un piso"

Los altos precios fuerzan a muchos separados a volver a la casa de los padres o a seguir compartiendo techo con la expareja tras la ruptura

Los estudios apuntan a que tener un piso en propiedad facilita poderse divorciar, mientras que vivir de alquiler frena las separaciones

La vivienda se adapta al nuevo escenario financiero: menos ventas, pero precios todavía al alza

Una mujer mira pisos de alquiler en una inmobiliaria. / EL PERIÓDICO

Clara F. y Manuel J. no se conocen de nada. De hecho, ni siquiera viven en la misma ciudad, pero comparten un doble drama personal de carácter sentimental y económico en el que los problemas afectivos se ven sobrepasados por algo tan árido y poco romántico como la tensión del mercado inmobiliario. Ella, médica madrileña de 47 años, decidió hace dos separarse de su marido, pero cuando ambos echaron números descubrieron que no podían pagar dos alquileres cerca del colegio de sus tres hijos adolescentes.

"Al final, la solución que encontramos fue seguir en la misma casa, pero haciendo vidas separadas. Cada uno sale por su lado y dormimos en habitaciones distintas, pero compartimos los hijos y el techo. No es lo deseable, pero los precios de la vivienda en Madrid no nos dieron otra opción”, explica.

Manuel J., de 45 años, se considera “un privilegiado”. Nadie lo diría viendo la antigua portería de 15 metros cuadrados reconvertida en estudio donde vive a ras de calle en el centro de Barcelona, y por la que paga casi 1.000 euros. “Pero estoy contento porque así puedo estar cerca de mis hijas”, dice a cuento del principal criterio que guio su búsqueda de vivienda cuando él y su exmujer decidieron separarse hace un año y medio.

Con su sueldo de informático y los precios que han alcanzado los pisos en su zona, le tocó elegir: o se mudaba a un pueblo del extrarradio, o debía contentarse con cualquier cuchitril que encontrara en su barrio. "Opté por lo segundo para estar cerca de ellas, aunque sé que estoy pagando un alto precio en metros cuadrados. Mis hijas no pueden venir a casa a dormir y apenas puedo organizar cenas con amigos en casa", reconoce.

Clara y Manuel ponen historias personales a una expresión de la actual crisis inmobiliaria de la que se habla poco, pero que afecta cada vez a más ciudadanos: la del doble reto que han de afrontar las parejas que deciden poner fin a sus relaciones conyugales y se ven obligadas a sumar al desgarro emocional de la separación, la dificultad de encontrar una vivienda donde continuar sus vidas cada uno por su lado. Si a menudo hay que hacer malabares para pagar una hipoteca o un alquiler entre........

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