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El furor por el 'fitness' populariza la figura del entrenador personal: “Tener un monitor que te guíe ya no es cosa de ricos”

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25.07.2026

El furor por el 'fitness' populariza la figura del entrenador personal: “Tener un monitor que te guíe ya no es cosa de ricos”

Cada vez más usuarios contratan los servicios de un asistente personal como "inversión de salud"

El sector estima que cerca de 30.000 personas trabajan ofreciendo este acompañamiento

Los profesionales del 'fitness' alertan contra el intrusismo: “Ser un fanático del gimnasio no te convierte en entrenador personal”

Los entrenadores personales destacan los beneficios de caminar

La entrenadora personal Laia Payès dirige una sesión de entrenamiento con su clienta, Pili Navarro, en la terraza del domicilio de ésta. / Zowy Voeten / EPC

La figura del entrenador personal ha estado tradicionalmente asociada al lujo y la exclusividad que solo ciertas élites podían permitirse a la hora de cuidarse. Hasta hace poco, era fácil imaginar a un artista internacional o una actriz de Hollywood machacándose en el gimnasio de su mansión al lado de un monitor que le daba consejos vedados para el común de los mortales. Hoy, sin embargo, el asesor deportivo se ha convertido en la figura más pujante del sector del 'fitness' y sus servicios son los más demandados por quienes se incorporan a la cultura del cuidado personal.

Entre aquella imagen estereotipada y la actual han tenido lugar dos fenómenos: la práctica del deporte y la afición a los gimnasios se han disparado en la sociedad, sobre todo tras la pandemia. A remolque de este tirón, la asistencia de un entrenador personal ha dejado de ser vista como un 'servicio premium' para ser percibida como la vía más rápida, eficiente y segura que hay para hacer realidad los objetivos de salud o de mejora física que se persiguen.

Laia Payès ha sido testigo –y parte– de esta transformación. Hace cinco años observó que empezaban a incorporarse de forma masiva nuevos usuarios, y de perfiles muy variados, al gimnasio donde trabajaba como monitora, y que muchos de ellos comenzaban a mostrarse incómodos en salas de aparatos, pesas y mancuernas cada vez más masificadas. Decidió probar suerte como entrenadora personal centrándose en tres grupos de personas: mujeres, séniors y pacientes con dolencias físicas. Desde entonces, su negocio no ha parado de crecer.

Una clase individual de una hora suele costar entre 40 y 70 euros, dependiendo de la modalidad y del paquete que se contrate

Una clase individual de una hora suele costar entre 40 y 70 euros, dependiendo de la modalidad y del paquete que se contrate

A sus 26 años, hoy tiene más de 20 clientes fijos, a los que asiste de manera individualizada en sus propios domicilios. De las 7 de la mañana a las 9 de la noche se la puede ver cruzando Barcelona en su moto, de cita en cita, “feliz y contenta” de poder vivir de lo que le apasiona y, sobre todo, de ver el resultado de su trabajo. “El trato personal permite adaptar el entrenamiento........

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