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Las mil y una caras del pseudónimo literario: ¿estrategia comercial o ejercicio de libertad creativa?

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13.06.2026

Las máscaras de los escritores

Las mil y una caras del pseudónimo literario: ¿estrategia comercial o ejercicio de libertad creativa?

La publicación de 'Todos siguen aquí', colección de cuentos firmada bajo el enigmático nombre ficticio de Liadan Ní Chuinn, reabre un debate que han alimentado en los últimos años autoras como J. K. Rowling, Elena Ferrante o Freida McFadden

Liadan Ní Chuinn, la nueva voz sin rostro del trauma de Irlanda de Norte

De izquierda a derecha, J. K. Rowling, inventora de Robert Galbraith; Anita Raja, la supuesta Elena Ferrante; Saran Cohen disfrazada de Freida McFadden; y Yasmina Khadra, de nombre real Mohamed Moulessehoul / EPC

Las hermanas Brontë publicaron bajo los nombres de Currer, Ellis y Acton Bell porque, según explicó Charlotte, tenían la "vaga impresión de que las autoras son susceptibles de ser vistas con prejuicios"; George Eliot era en realidad Mary Ann Evans; y, sin necesidad de cambiar de siglo, ni siquiera de década, Antonio Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez le dieron la vuelta a la tortilla saliendo del pastel del primer Premio Planeta millonario convertidos en Carmen Mola. O viceversa.

Otro ilustre premiado reciente, el británico Julian Barnes, firmó un par de novelas policiacas con el apellido de su mujer, la agente literaria Pat Kavanagh; Stephen King se inventó a Richard Bachman para dar rienda suelta a su lado más tenebroso; y la escritora argelina Yasmina Khadra se reveló en 2001 como Mohamed Moulessehoul, un exmilitar que había publicado casi una decena de novelas con el nombre de su esposa para burlar la censura y homenajear a su compañera.

Vale que Sylvia Plath escribió aquello del hombre que "usa un pseudónimo y se arrastra tras él como un gusano", pero en ocasiones un nombre de mentirijilla es lo que marca la diferencia. Es el caso de L. J. Ross, a quien su editorial mantiene a buen resguardo tras sus iniciales "para no espantar a potenciales lectores masculinos". No es un pseudónimo, pero el efecto viene a ser el mismo, como bien sabe Joanne Rowling, a quien Bloomsbury sugirió que mejor firmar las aventuras de su joven aprendiz de mago con un nombre un poco menos femenino. Un nombre como el de, pongamos, J. K. Rowling.

Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez, los autores detrás del seudónimo Carmen Mola, con el Premio Planeta. / Quique Garcia

El secreto de Robert Galbraith

"Si me hubieran dicho que me llamara Rupert, probablemente lo habría hecho", reconoció años más tarde la........

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