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Las varillas de la esperanza

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04.10.2026

Opinión | Una ibicenca fuera de Ibiza

Las varillas de la esperanza

Casas payesas en Ibiza. / Juan A. Riera

Y en aquel camino de tierra que lleva a la casa en que crecí, donde antaño había huertos cerrados con la sofisticación de un viejo somier, no queda una sola parcela por construir. O casi. Porque aún perdura —inexplicablemente, porque podría venderse por un buen pico— el esqueleto fantasma de una casa que no llegó a ser.

Compró el solar un matrimonio que vivía de alquiler en un apartamento. Por aquel entonces, no conocíamos a nadie más que viviera de alquiler y, de hecho, a aquel único bloque que se levantaba en el barrio de casas de campo —cada una según sus posibilidades— lo conocíamos como Los apartamentos. Y un apartamento era una casa, sí, pero diminuta, sin tierra, de apenas dos habitaciones y cocina americana. Un horror para cualquier madre ibicenca de la época.

Pero prosperaron, compraron el terreno y, con los cimientos de la primera planta levantados, llegó otro debut para aquel barrio: el primer divorcio.

Mucho se habla del lenguaje de las piedras e injustamente poco del de los ladrillos. De las crónicas que guardan sus muros.

Una de las historias más repetidas en mi barrio y en tantos otros, tan distintos como iguales, se lee en esos alambres retorcidos que asoman en los tejados. No son hierros olvidados, sino prolongaciones de las varillas estructurales que quedan a la espera de unir la planta construida con la siguiente, para que ambas trabajen como una sola pieza. Estas barras se conocen como «armaduras de espera».

En otros idiomas se utiliza la misma lógica: en inglés, starter bars (barras de inicio); en francés, armatures en attente (armaduras en espera). En México y otros países de Latinoamérica,........

© El Periódico de España